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Lecturas del 15 - 19 de Marzo


LUNES 15 DE MARZO


LA LIBERTAD DE LOS QUE ESTÁN EN CRISTO

• GÁLATAS 4: 1-7 •


El apóstol Pablo ha usado muchas metáforas para ilustrar sus argumentos en favor de la justificación por la fe, y en estos versículos hace uso de la figura jurídica del heredero.

Trata de demostrar que estar en la Ley es como un heredero menor de edad, quien no podrá disfrutar de su herencia hasta que cumpla la edad establecida legalmente para disfrutar de su herencia.

El niño estaría bajo tutores y administradores, un representante legal quien dispondría de todos sus bienes, hasta que se hiciera mayor de edad.


Así que el heredero menor no tenía ninguna diferencia con un esclavo y esto se debía a la imposibilidad del niño para disponer de sus bienes a causa de su falta de madurez.

De acuerdo a la ilustración de Pablo, los menores representan a los que están bajo la Ley en esclavitud.


Aquellos que consideraban que, cumpliendo la Ley se podían salvar por medio de ella, se esclavizaban al intentar guardarla.


El apóstol Pablo, implícitamente nos da a entender que si el heredero es mayor de edad ya puede disfrutar de todos los beneficios de la herencia.


Los mayores de edad representan a los que están en Cristo, los que ya pueden disfrutar a plenitud de la herencia, por la libertad que Cristo les ha concedido.


El objetivo del apóstol Pablo es mostrar que la vida sin Cristo es una vida de esclavitud.


Sin embargo, cuando se cumplió el tiempo establecido, Dios envió a su Hijo, nacido de una mujer y sujeto a la Ley. Dios lo envió para que comprara la libertad de los que éramos esclavos de la Ley, a fin de poder adoptarnos como sus propios hijos. Ahora ya no eres un esclavo sino un hijo de Dios, y como eres Su hijo, Dios te ha hecho Su heredero (Vs. 4-7).


Pablo haciendo la analogía señala que esa mayoría de edad está representada con la Venida de Cristo que había sido establecida por el Padre.


¡Disfrutemos la libertad que Cristo nos dio!



MARTES 16 DE MARZO


LA NEGLIGENCIA ANULA LA OBEDIENCIA

• LEVÍTICO 10: 1-7 •




La naturaleza de la ofensa no está muy clara. Aparentemente Nadab y Abiú sacaron el fuego de otro lugar (en hebreo esh zarah que significa literalmente fuego «extraño» o «extranjero»). De acuerdo con Levíticos 16:12 debían sacar del altar de bronce los carbones encendidos para quemar el incienso ya que de lo contrario era considerado impuro. Otras posibilidades podían ser que ofrecieran un incienso que no estaba preparado según las instrucciones que Dios había dado (Éxodo 30:34-38), o que los dos hombres decidieron preparar una ofrenda especial además de los sacrificios del capítulo 9, donde se hace la presentación de los primeros sacrificios. Adicionalmente, según la antigua interpretación judía, ellos se presentaron embriagados ante Jehová, quien les advirtió de la gravedad de sus acciones. La santidad del culto se veía amenazada cuando los sacerdotes ofrecían otro fuego diferente del que había sido ordenado por Dios.


¿Por qué un castigo tan fuerte? Era una demostración de la seriedad de su función: “he de ser glorificado” (V. 3). Desobedecer a Dios siempre es una cosa grave. La respuesta de Dios indica la seriedad de este asunto; cuando los sacerdotes se acercaban a Jehová, debían tomar en serio Sus leyes y realizar sus tareas de acuerdo a las instrucciones que se les habían enseñado.

Es una lección que hemos olvidado hoy en día. ¡Cuántas veces llegamos a la Presencia de Dios de una manera que no es digna de Él! Cualquier cosa no aprobada por Dios es “extraña” para el cristiano. Muchos supuestos cristianos caen en el error de pensar que Dios es sólo amor y falsamente creen que el Señor pasará por alto sus pecados y actos de desobediencia. Cuando Dios nos corrige a nosotros o a los nuestros, por el pecado, es deber nuestro aceptar el castigo y volvernos en arrepentimiento a Él.

Cada vez que adoramos a Dios, nos acercamos a Él como sacerdotes espirituales, esto debe ponernos muy serios en todos los actos de devoción. Él castigará a aquellos que profanan Su sagrado nombre (Vs. 6-7).


Después de la muerte de los hijos de Aarón, Moisés les dio algunas advertencias para que los otros no sufrieran la misma ira del Señor. (1) Los sacerdotes deben seguir con sus funciones a pesar de la tragedia. (2) Los sacerdotes deben tomar en serio sus responsabilidades. No deben entrar en la Presencia de Dios en una condición impura: “ni beberéis vino ni licor”. Las bebidas fermentadas estaban prohibidas a los sacerdotes durante el tiempo en que ministraban. Se exige a los ministros del evangelio que no sean dados al vino, como lo enseñó Pablo en 1 Timoteo 3:2-3.


Debemos entrar en la Presencia de Dios con reverencia y con respeto, dejando atrás todo el egoísmo y la soberbia que forman barreras entre él y Dios.

Como líderes y cristianos en general, tenemos la responsabilidad especial de obedecer a Dios ya que en el lugar que Dios nos ha puesto, fácilmente podemos hacer extraviar a mucha gente. Si Dios nos ha encomendado guiar o enseñar a otros, asegurémonos de permanecer cerca de Él y de seguir Su consejo. Sólo así llevaremos una vida en obediencia y siendo testimonio e influencia para aquellos que aún no han sido salvos.



MIÉRCOLES 17 DE MARZO


MUERTOS ESPIRITUALMENTE

• EFESIOS 2:1-10 •



El hombre sin Cristo está muerto, no hay nada que pueda hacer para salvarse o ayudarse a sí mismo. No importa la causa de muerte, cada hombre muerto es igual, no tiene vida, no tiene esperanza, los muchos pecados son una variedad de delitos contra Dios y contra otros, pero la raíz del pecado es nuestra rebelión y desobediencia.


Por naturaleza queremos hacer las cosas a nuestra manera, nos resistimos a la autoridad. Pablo enfatiza la verdad de que todos éramos iguales. El mundo de hoy en día es más corrupto que nunca. Es muy fácil culpar al diablo por nuestra rebelión y pecado, tenemos que asumir la responsabilidad de nuestras propias decisiones; la verdad es que aquellos que no están bajo el señorío de Jesús están bajo el poder del maligno.


La humanidad sin Cristo obedece los deseos y pensamientos que el diablo siembra en sus corazones. Todos vivíamos así en el pasado, complaciendo los deseos de nuestra carne, éramos impulsados por deseos pecaminosos; hay deseos y pasiones normales dadas por Dios, el problema es cuando estamos dominados por esas pasiones.

El pecado entró en nuestra raza cuando Adán y Eva desobedecieron a Dios. Un hombre muerto no puede hacer nada; estaríamos perdidos y condenados a un castigo eterno sin la intervención de Dios. Todo cambió cuando Cristo murió en la cruz y el Padre lo levantó de los muertos.


Dios tomó la iniciativa e hizo lo necesario para rescatarnos y salvarnos, estamos unidos en Cristo Jesús. Dios nos salvó por Su gracia, nadie tiene ningún mérito en esa salvación, es un regalo de Dios, no es una recompensa por las cosas buenas que hayamos hecho, porque nadie tiene buenas obras suficientes para compensar nuestro pecado. Tú y yo somos obras maestras de Dios, somos hechos a imagen de Dios. Él nos vuelve a formar de nuevo cuando aceptamos a Cristo en nuestro corazón.