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Lecturas del 29 de Noviembre - 3 de Diciembre


LUNES 29 DE NOVIEMBRE



POR QUÉ DEBEMOS AMAR A NUESTROS ENEMIGOS

• Lucas 6: 27 •




Hay dos razones principales por las que los cristianos debemos amar a nuestros enemigos y hacerles bien.


La primera es que esto revela un aspecto del carácter de Dios: Dios es misericordioso.


«Él hace salir su sol sobre malos y buenos, y llover sobre justos e injustos»

(Mateo 5: 45).

«No nos ha tratado según nuestros pecados, ni nos ha pagado conforme a nuestras

iniquidades» (Salmos 103: 10).

«Sed más bien amables unos con otros, misericordiosos, perdonándoos unos a otros,

así como también Dios os perdonó en Cristo» (Efesios 4: 32).


Por lo tanto, cuando los cristianos vivimos de este modo, mostramos una parte del carácter de Dios.


La segunda razón es que el corazón de los cristianos está satisfecho en Dios y no se deja llevar por la sed de venganza, ni por el deseo de exaltarse a sí mismo, ni por el dinero, ni por la seguridad terrenal.


Dios se ha convertido en nuestro tesoro que todo lo satisface, y es por eso que no tratamos a nuestros adversarios conforme a nuestras propias necesidades e inseguridades, sino conforme a nuestra plenitud en la gloria de Dios, que todo lo satisface.


Hebreos 10: 34 dice: «Aceptasteis con gozo el despojo de vuestros bienes [es decir, sin tomar represalias], sabiendo que tenéis para vosotros mismos una mejor y más duradera posesión». Lo que nos libra del impulso de tomar venganza es la confianza profunda en que este mundo no es nuestro hogar, y que Dios es nuestra recompensa, absolutamente segura y suficiente.


Por lo tanto, podemos apreciar que ambas razones para amar a nuestros enemigos producen un resultado fundamental: Dios se muestra como realmente es, es decir, como un Dios misericordioso y gloriosamente suficiente para nosotros.


El objetivo más importante de ser misericordiosos es glorificar a Dios: hacer que se vea grandioso a los ojos de los hombres.




 

MARTES 30 DE NOVIEMBRE



LAS IDEAS TIENEN CONSECUENCIAS

• 1 Timoteo 1: 5 •


Viktor Frankl fue un prisionero judío en los campos de concentración nazi de Auschwitz y Dachau durante la Segunda Guerra Mundial. Como profesor de neurología y psiquiatría, obtuvo renombre a nivel mundial por su libro El hombre en busca de sentido, del que se vendieron más de ocho millones de ejemplares.


En esa obra despliega la esencia de la filosofía a la que llamó logoterapia —que consiste en que la motivación humana más primitiva es la de encontrarle sentido a la vida—. En medio de los horrores de los campos de concentración, pudo observar que el hombre puede tolerar casi cualquier cómo que la vida le presente si cuenta con la respuesta del por qué. Pero la frase que más me impactó en los últimos días es la siguiente:


Estoy absolutamente convencido de que las cámaras de gas de Auschwitz, Treblinka y Maidanek, en última instancia, no nacieron en algún ministerio de Berlín, sino en los escritorios y salas de conferencias de científicos y filósofos nihilistas. («Victor Frankl a los noventa: entrevista», de la revista First Things, Abril 1995, p. 41.)


En otras palabras, las ideas tienen consecuencias: bendicen o destruyen. El comportamiento de las personas —bueno o malo— no surge de la nada. Surge de los puntos de vista acerca de la realidad que en determinado momento se vuelven predominantes, echan raíces en la mente y dan a luz el bien o el mal.


Una de las formas en que la Biblia deja en claro la verdad de que las ideas tienen consecuencias prácticas se observa en frases como: «Porque todo lo que fue escrito en tiempos pasados... se escribió a fin de que... tengamos esperanza» (Romanos 15: 4). Las ideas que las Escrituras nos presentan tienen la consecuencia práctica de la esperanza.


Pablo lo repite en otra carta: «El propósito de nuestra instrucción es el amor» (1 Timoteo 1:5). La transmisión de las ideas por medio de la «instrucción» produce amor.


La esperanza y el amor no surgen de la nada. Emanan de las ideas —formas de percibir la realidad— reveladas por las Escrituras.


Otra de las formas en que las Escrituras nos muestran que las ideas tiene consecuencias es mediante el uso de la frase por tanto y otras variantes con el mismo significado (1039 veces en la versión NASB, una traducción de la Biblia al inglés). Algunos ejemplos son: «Por tanto, habiendo sido justificados por la fe, tenemos paz para con Dios por medio de nuestro Señor Jesucristo» (Romanos 5: 1); «Por consiguiente, no hay ahora condenación para los que están en Cristo Jesús» (Romanos 8: 1); «Por tanto, no os preocupéis por el día de mañana»

(Mateo 6: 34).


Si queremos vivir en el poder de estos grandiosos y prácticos por tanto, debemos sujetarnos a las ideas —formas de percibir la realidad— que los preceden y someternos a los mandatos que conllevan.



 

MIÉRCOLES 1 DE DICIEMBRE



¿QUÉ ES LA MANSEDUMBRE?

• Mateo 5: 5 •


La mansedumbre empieza cuando ponemos nuestra confianza en Dios. Entonces, porque confiamos en él, le entregamos nuestros caminos y echamos sobre él nuestras ansiedades o frustraciones, nuestros planes, nuestras relaciones, nuestro trabajo y nuestra salud.


Luego esperamos con paciencia en el Señor. Confiamos en que su tiempo y su poder y su gracia obrarán de la mejor manera para su gloria y para nuestro bien.


El resultado de confiar en Dios y de echar sobre él nuestras ansiedades y de esperar con paciencia en él es que no damos lugar al enojo fácil y quejumbroso. Por el contrario, damos lugar a la ira de Dios: le entregamos a él nuestra causa y dejamos que él nos revindique si fuera su voluntad hacerlo.

Es entonces que por esta apacible confianza en él, como dice Santiago, nos volvemos prontos para oír y tardos para hablar (Santiago 1: 19). Nos volvemos más razonables y abiertos a recibir correcciones.


La mansedumbre ama aprender. Además considera que los golpes que pueda recibir de parte de un amigo son invaluables. Y cuando se ve obligada a hacer una crítica a una persona envuelta en el pecado o el error, habla desde la profunda convicción de su propia falibilidad, su propia susceptibilidad al pecado y su absoluta dependencia en la gracia de Dios.


La calma, la predisposición a aprender y la vulnerabilidad propias de la mansedumbre son muy hermosas y también muy dolorosas. Van en contra de todo lo que somos según nuestra naturaleza pecaminosa. Ejercer la mansedumbre exige una ayuda sobrenatural.


Si son discípulos de Jesucristo —es decir, si confían en él y le entregan sus caminos y esperan con paciencia en él— Dios ya ha empezado a ayudarlos y los ayudará aún más.


Y la manera principal en la que los ayudará es confirmando en su corazón que son coherederos con Cristo, y que el mundo y todo lo que hay en él es su herencia.



 

JUEVES 2 DE DICIEMBRE



EL AMOR MÁS LIBRE

• Deuteronomio 10: 14-15 •


El amor electivo de Dios es completamente libre. Es el bondadoso desborde de su felicidad ilimitada, guiada por su infinita sabiduría.


Deuteronomio 10: 14-15 describe el deleite que Dios tiene al elegir a Israel de entre los pueblos de la tierra. Observemos dos detalles.


Primero, notemos la diferencia entre los versículos 14 y 15. ¿Por qué Moisés ubica la elección de Israel en medio de la escena de Dios como propietario de todo el universo? ¿Por qué el versículo 14 dice que a Dios pertenecen el cielo, la tierra y todo lo que en ellos hay, y luego el versículo 15 dice que él escogió a Israel para que fuera su pueblo?


Al parecer, el motivo es erradicar la idea de que Dios estaba restringido de algún modo en la elección de su pueblo. Este pasaje busca derribar el mito de que cada pueblo tiene su propio dios y que este dios tiene derechos sobre su propio pueblo y nadie más.


La verdad es que este es el único Dios verdadero. Es dueño de todo lo que hay en el universo y puede tomar a cualquier pueblo que elija para hacer de él su especial posesión.


Por lo tanto, la maravillosa e inefable verdad revelada a Israel es que Dios los eligió. No tenía que hacerlo. Tenía el derecho y el privilegio de elegir a cualquier pueblo que quisiera sobre la faz de la tierra para llevar a cabo su propósito redentor.


Por consiguiente, cuando se llama a sí mismo «Dios de Israel» no quiere decir que está al mismo nivel que los dioses de Egipto o Canaán. Él es dueño de esos dioses y de sus pueblos. Si le hubiera placido hacerlo así, podría haber elegido a un pueblo totalmente distinto para realizar sus propósitos.


La finalidad de vincular de este modo los versículos 14 y 15 es hacer hincapié en la libertad de Dios, sus derechos universales y su autoridad.


El segundo detalle a notar (en el versículo 15) es la forma en que Dios ejerce su libertad soberana: «El Señor se agradó de tus padres, los amó». En su libre elección, le plació amar a los padres del pueblo de Israel.


El amor de Dios por ellos era libre y movido por misericordia, y no estaba restringido a ningún atributo intrínseco de su judaísmo ni por virtud alguna de Israel.



 

VIERNES 3 DE DICIEMBRE



CÓMO ABORRECER SU PROPIA VIDA

• Salmos 34: 8 •



«El que aborrece su vida en este mundo, la conservará para vida eterna»: ¿Qué significa?


Significa, al menos, que no necesitamos preocuparnos demasiado por nuestra vida terrenal. En otras palabras, lo que nos suceda en este mundo simplemente no tiene mucha importancia.


Si los demás hablan bien de nosotros, no tiene mucha importancia.

Si nos odian, no tiene mucha importancia.

Si tenemos muchos bienes, no tiene mucha importancia.

Si tenemos pocos bienes, no tiene mucha importancia.

Si nos persiguen o calumnian, no tiene mucha importancia.

Si tenemos fama o si pocos nos conocen, no tiene mucha importancia.

Si estamos muertos, nada de esto tiene mucha importancia.


Significa algo mucho más radical. Hay decisiones que se deben tomar y que no son meramente experiencias pasivas. Jesús agrega: «Si alguno me sirve, sígame». ¿Adónde? Hacia Getsemaní y hasta la cruz.

Jesús no solo dice: «Si las cosas van mal, no hay que preocuparse, debido a que ya estamos muertos de todos modos». Lo que él dice es: «Elijan morir conmigo. Elijan aborrecer la vida en este mundo del mismo modo en que yo elegí la cruz».


A esto se refería Jesús cuando declaró: «Si alguno quiere venir en pos de mí, niéguese a sí mismo, y tome su cruz, y sígame» (Mateo 16: 24). Él nos llama a elegir la cruz. Las personas solo hacían una cosa en la cruz: morir. «Tome su cruz» significa que, como el grano de trigo, «cae en la tierra y muere». Escojamos eso.

¿Por qué lo haríamos? Por un compromiso radical con el ministerio. «No estimo preciosa mi vida para mí mismo, con tal que acabe mi carrera con gozo, y el ministerio que recibí del Señor Jesús, para dar testimonio del evangelio de la gracia de Dios» (Hechos 20: 24). Creo escuchar a Pablo decir: «No importa lo que me pueda suceder, si tan solo puedo vivir para la gloria de su gracia».

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