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Lecturas de 07 al 13 de Octubre



LUNES 07 DE OCTUBRE

EL SUFRIMIENTO DE JOB Y SU

CONFIANZA EN EL SEÑOR

• JOB 2 •


Presentándose Satanás ante el Señor, éste le preguntó ¿de dónde vienes?, de andar por la tierra respondió y Dios agregó, ¿te has fijado en Job, varón perfecto y apartado del mal?


Satanás se escarnece amargamente del egoísmo del hombre, y dice: Job llevará la pérdida de sus bienes, y de sus hijos, porque éstos no son sino bienes externos y sustituibles; pero todo abandonará, hasta su religión misma, a fin de salvarse la vida, si tú le tocas los huesos y la carne. “Él está en tus manos, pero guarda su vida”, le dice el Señor.


Satanás demuestra su ingenuidad al infligir el dolor, pero también su conocimiento de cuánto el cuerpo puede soportar sin daño vital, así le produjo maligna sarna, furúnculos llagas, lepra, o úlceras. El uso de la teja concuerda con esta idea.


Existía una forma de la lepra llamada negra, o la elefantíasis, porque los pies se hinchan como las patas de elefante, con una maligna pústula por eso, utilizaba un trozo de tiesto para

rascarse; la úlcera era demasiado repugnante para tocarla con la mano.


La gente, si sus peticiones no eran atendidas, acostumbraba a reprochar y maldecir a Dios; maldice a Dios y muérete, le dijo su mujer, pero Job valientemente soportó esta prueba y sus

labios nunca profirieron maldición.


Unos amigos de Job, al enterarse de su problema, llegaron con el fin de consolarlo, pero no lo reconocieron, entonces lloraron a gritos rasgaron su manto y esparcieron ceniza, para

que les cubriera la cabeza.


Así permanecieron sentados; - el sentarse en tierra era señal de luto, que duraba siete días, en silencio. Este silencio puede que se debiese a sospecha de maldad en Job que les nacía en la mente, pero principalmente porque son solamente los dolores comunes los que hallan expresión en el lenguaje; los extraordinarios son demasiado grandes para el habla, son indecibles.

MARTES 08 DE OCTUBRE


DIOS JUZGA A LOS QUE

MALTRATAN A SU PUEBLO

• Abdías 1-15 •


¡Se acerca el día cuando yo, el SEÑOR, juzgaré

a todas las naciones paganas! (V.15 NTV)


Después de meses de gestación, hace su aparición, en el mundo, un recién nacido. Los padres se regocijan con su retoño, un milagro, un nuevo miembro de la familia. Como padres amorosos, lo protegerán, lo alimentarán, lo guiarán y disciplinarán. Ese es su deber y su gozo.


Dios también tiene hijos, hombres y mujeres que ha escogido como suyos. Incluso escogió una nación para que fuera suya, pueblo escogido por Dios, nación santa, a la cual disciplina, guía y reprende, pero siempre lo hace con amor y misericordia.


Abdías, es un ejemplo dramático de la respuesta de Dios a cualquiera que quiera maltratar a sus hijos. Los edomitas, descendientes de Esaú, eran parientes de Israel y al igual que su padre, eran guerreros fuertes, valientes y soberbios, con una ciudad montañosa que parecía invencible. Este pueblo debió correr a ayudar a su hermano; sin embargo, veía con satisfacción maligna los problemas de Israel, saqueaban sus campiñas, capturaban y llevaban a los fugitivos ante su enemigo.


Debido a su indiferencia y desprecio hacia Dios, a su cobardía y soberbia y a su traición hacia sus hermanos, Abdías le comunica a Edom, que, a pesar de creerse inaccesibles en sus riscos y montañas, serían condenados y destruidos y no podrían escapar del juicio de Dios. El Señor los humilló, y su nación desapareció de la faz de la tierra.


En la actualidad, la nación santa de Dios es la iglesia, compuesta de todos los que han confiado en Cristo en cuanto a salvación y le han entregado sus vidas. Estos hombres y mujeres son sus hijos adoptados y vueltos a nacer. Fíjese lo que significa ser hijo de Dios, permanecer bajo su protección y amor. Vea como el Padre responde a todos los que atacan a los que Él ama.


MIÉRCOLES 09 DE OCTUBRE

CORRE BIEN TU CARRERA

• 1 CORINTIOS 9:24-27 •


Los juegos olímpicos son el mayor evento deportivo internacional en el que participan atletas de diversas partes del mundo. Y en caso de que no lo supieras, los juegos olímpicos existen desde mucho antes que Pablo escribiera estos pasajes, por eso, al hacer referencia de la carrera, todos los cristianos de la época, entendían de que se trataba.


Uno de las cosas que a la mayoría les llama la atención es oír o leer las historias de los deportistas, pues tuvieron que pasar por obstáculos que fueron muy difíciles para llegar a esta competencia tan deseada que representa a su país.


Pablo dice que los que participan en los juegos trabajan duro por un premio y es honorable porque ves la bandera de tu país ser izada delante de los ojos del mundo; pero no es un premio que dura mucho  porque si te pido que indiques tres ganadores de la última olimpiadas los recuerdas?


Pablo nos enfoca y nos dice que el premio por el cual estamos corriendo es mucho mayor, pues dura para siempre. Ese premio es la vida eterna que Cristo nos da, por eso es ridículo comparar un premio de este mundo con el de pasar a la eternidad con Jesús.


Pero, para ganar esta carrera, Pablo nos incita a ser disciplinados, pues sin esto no podríamos ganar la competencia, no se trata ahora de buscar una revelación de Dios para vivir cambios en la vida, pues sus revelaciones están en Su palabra.


Qué tal si en vez de buscar nuevas revelaciones para cambiar tu vida empiezas a vivir Su palabra en tu vida.


¡Todas esas personas están a nuestro alrededor como testigos!

Por eso debemos dejar de lado el pecado que es un estorbo,

pues la vida es una carrera que exige resistencia.


JUEVES 10 DE OCTUBRE

UN CORAZÓN LIMPIO

• MARCOS 12:41-44 •


Jesús se encuentra cerca del arca del templo, Él observaba que los ricos echaban mucho dinero. Eran los grandes donantes. Estaban contribuyendo generosamente, pero no les elogió por ello, sino que fijó su atención en la viuda, que contribuyó con 2 monedas. Comparada con la riqueza de aquel templo, imaginemos lo poco que significaba su ofrenda.Proporcionalmente, ella había dado la mayor cantidad, porque era todo su sustento. Jesús con su actitud hizo como si aquellas monedas equivaliesen al mismo oro del cielo, convirtiéndolas en lo más valioso que cualquier persona rica pudiese ofrecer.