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Lecturas 19 al 23 de Octubre


LUNES 19 DE OCTUBRE


VIENE POR NOSOTROS

• 1 Tesalonicenses 4:13-18



Hace años visito a mi papá en Boyacá, donde se fue a vivir. Cada encuentro es “todo un acontecimiento” para nosotros, no sólo por la distancia geográfica sino por la alegría de reunirnos. Con el tiempo, he notado el efecto que produce en mi viejo el solo hecho de saber que lo voy a ir a recoger para dar un paseo: se alista, se alegra, se anima, desde que sabe de nuestro encuentro; algo sucede en el corazón de mi papá al saber que alguien viene por él.


Así mismo, algo debe suceder en nuestro corazón al saber que Jesús viene por nosotros “pues el Señor mismo descenderá del cielo con un grito de mando, con voz de arcángel y con el llamado de trompeta de Dios” (1 de Tesalonicenses 4:16). Comprender que “… seremos arrebatados en las nubes para encontrarnos con el Señor en el aire” (V. 17), lejos de generarnos miedo o ansiedad, debe producirnos gozo, ánimo y expectativa.


Pablo escribe a la iglesia de Tesalónica acerca del próximo gran acontecimiento en la agenda de Dios: el rapto o el arrebatamiento, con el objetivo de que: “… no se entristezcan como los que no tienen esperanza” (V. 13), al pensar en sus familiares y amigos que han muerto. La venida de Jesús nos cambiará la forma de ver la vida y la muerte. Mientras para el mundo la vida es una parranda y la muerte una pérdida, para quienes amamos a Dios la vida es una prueba y la muerte, ganancia.


La iglesia de Tesalónica, al igual que la iglesia de hoy, necesitaba ánimo y Pablo lo ofrece con la verdad de que Jesús viene por Su iglesia. Es como si les dijera: Aquel que va a levantar tu cuerpo en los tiempos finales, puede levantar tu alma en los tiempos presentes.



MARTES 20 DE OCTUBRE


¿QUIERES SER AMIG@ DE DIOS?

• Mateo 5:8 •




La sociedad actual está interesada en tu apariencia, en como luces, en tu imagen, en tus logros, y hasta en tu popularidad; mientras que Dios se interesa por tu corazón y lo que hay dentro de él.


El versículo de este devocional significa que las personas que tienen un corazón puro están más cerca de Dios, experimentan Su Presencia, Su Poder, conocen Su propósito para sus vidas y pueden vivir con la paz de Dios en sus corazones. Dios bendice a los de corazón puro porque son amigos de Él.


Tener un corazón puro es ser íntegro y la integridad no es estar sin pecado o ser perfecto; porque todos hemos fallado. En la Biblia encontramos hombres íntegros como Noé, Abraham, Moisés y quiero detenerme en David de quien la Escritura dice que era un hombre conforme al corazón de Dios.

Quiero definir integridad con tres palabras:

Totalidad. Porque no puedes segmentar tu vida por cada área, ella es una sola; y como tal debes comportarte igual con todos.

Autenticidad. Muestras lo que eres, sin copiar a alguien más.

Motivación Pura. Haces lo correcto por las razones correctas.

La integridad es aquello que eres cuando nadie te está mirando, cuando estás a solas con Dios y reconoces tus fallas, confiesas tus pecados y te apartas.


Si quieres tener seguridad en tu vida, busca la integridad, porque este tipo de personas permanecerá firme para siempre:

Cumple tus promesas

Pagas tus deudas

Dale a Dios lo que le corresponde con fidelidad

Haz lo mejor en tu trabajo.


¿Cómo puedo mantenerme íntegro en un mundo sin integridad? La respuesta es buscar la aprobación de Dios y no la de los demás y para empezar, debes reconocer que no has sido integr@ entregando tu corazón a Jesús, para que Él lo examine como cuando te vas a realizar diferentes exámenes médicos.



MIÉRCOLES 21 DE OCTUBRE


EL CONSEJO DE DIOS

• Génesis 4:1-12 •



Este pasaje nos relata la historia de dos hermanos: Caín y Abel. Caín se había dedicado a las labores del campo cultivando la tierra, mientras que su hermano Abel era pastor de ovejas. Al llegar el tiempo de la cosecha ambos hermanos presentaron ante Dios sus ofrendas, Abel trajo lo mejor de su rebaño, mientras que Caín despreocupadamente presentó algunos frutos. La Biblia nos cuenta como Dios aceptó la ofrenda de Abel, pero no se agradó con Caín ni su ofrenda.


De este pasaje podemos reflexionar:

1. ¿Estoy entregando lo mejor a Dios?

Muchas veces consideramos que nuestra relación con Dios es una lista de tareas y deberes por cumplir “tengo que leer La Biblia, tengo que orar, tengo... tengo...”, consideramos que debemos hacer esto para ser bendecidos o por el contrario, para no ser castigados. Nuestra relación con Dios es mucho más que una lista de chequeo, es una experiencia diaria, viva, personal y real. Dios valora la intensión de nuestro corazón, el tiempo de calidad que le entregamos y las acciones que decidimos dedicar a Él.

2. ¿Dios desecha a las personas?

A pesar de que Dios no aceptó la ofrenda de Caín, en los versículos 6-7 podemos ver cómo Dios se preocupa y se interesa por Caín. Dios no lo desecha, ni lo abandona, sino que aprovecha esta oportunidad para enseñarle una lección valiosa y como un Padre amoroso lo alienta a hacer el bien. En nuestra vida podemos experimentar ese cuidado de parte de Dios, dejemos de pensar que Él se aleja cuando nos equivocamos o tenemos debilidades. Dios siempre nos quiere enseñar algo, Él quiere que nuestra vida progrese y que nuestro carácter se fortalezca. Es nuestra decisión escuchar su Palabra, tomar Su consejo y aplicarlo, o simplemente desechar su enseñanza como lo hizo Caín.



JUEVES 22 DE OCTUBRE


¿A QUIÉN O A QUÉ LE TEMES?

• Lucas 12:4-5 •




Jesús habla a Sus discípulos sobre la persecución; sabía que todos ellos morirían siendo mártires. Jesús sabía de Su propio sufrimiento venidero. Es razonable que los discípulos sintieran miedo y ansiedad; necesitamos tener la paz que Jesús pudo tener en el momento de enfrentar la muerte.


Todos nuestros perseguidores, enfermedades, accidentes, catástrofes, violencia y todo aquello que puede vulnerar nuestro cuerpo, lo único que puede hacer es matar nuestro cuerpo físico, pero bien sabemos que Dios es el único que tiene el Poder supremo sobre la vida y la muerte.

El Señor quita la vida, nos hace bajar al sepulcro y de él nos hace subir (1 de Samuel 2:6 DHH).


Dios, como Juez Supremo, es el que decide el destino final de las almas.

No tenemos por qué temer a la primera muerte, la física, aquella que destruye nuestro cuerpo; la muerte física no debería infundirnos temor pues tenemos la firme esperanza de que nos aguarda una eternidad en el Reino de los Cielos.


Si tu mirada no está puesta en Dios, seguramente temerás morir y es muy posible que ignores que hay una segunda muerte, que es el lloro y crujir de dientes en el lago de fuego y azufre por toda la eternidad.


Luego, la muerte y el reino de la muerte fueron lanzados al lago de fuego. Los que caen en este lago quedan separados de Dios para siempre (Apocalipsis 20:14 RVR 1960).

A esta segunda muerte es a la que debe temer todo ser humano y saber que, para poder escapar de ésta, es necesario que Jesús sea su Señor y saber que Él es el único camino para evitar la muerte segunda.


Temed a aquel que después de haber quitado la vida, tiene el poder de echar en el infierno.



VIERNES 23 DE OCTUBRE


ES TIEMPO DE CUIDAR NUESTRO CORAZÓN

• Hebreos 3:7-14 •



Esta es una carta de exhortación a los hebreos, para que escuchen el llamado de Dios y le sigan. Todo creyente que oye la Voz de Dios, debe evitar que la incredulidad, los prejuicios, la falta de acción y la mentira endurezcan su corazón, tal como ocurrió con los israelitas cuando salieron al desierto.

A pesar de haber sido liberados de manera milagrosa y sobrenatural, Israel siguió tratando de probar Su existencia y la veracidad de Sus designios, despertando la indignación del Padre, pues, aunque durante 40 años vieron Su obra no le conocieron personalmente.


Nuestros pensamientos y emociones fácilmente se descarrían de la Verdad, nos limitan para conocerle; esta generación tuvo miedo de entrar y conocerle, a pesar de que fueron invitados. Reconocer a Dios implica la muerte de nuestro ser; ir a Él involucra el morir a nosotros mismos, lo contrario despertó la indignación del Padre al saber que el hombre se ama más a sí mismo que a Él, y revela la contradicción entre sus palabras y sus acciones.


Al no encontrar a alguien digno de entrar dentro de esa generación, Dios habló y dijo que no entrarían en Su reposo, en lo sobrenatural de su Presencia, de modo que, aunque vieron obras maravillosas del poder de Dios, éste nunca penetró en sus corazones endurecidos por sus pensamientos y emociones.


La aplicación de esta enseñanza es que somos llamados a cuidar nuestros corazones, nuestra fe, nuestros pensamientos y emociones, para que al estar conscientes de ellos podamos estar alertas y atentos a lo que somos para no apartarnos de la verdad.


¡Recuerda! es hoy, no mañana, ni otro día; es ahora que debemos estar conscientes, alertas, atentos para animarnos, para exhortarnos, de manera que ninguno endurezca su corazón a pesar de haber errado.


Finalmente, para permanecer en unidad o tener parte con Cristo, debemos resistir firmes hasta el fin, y para lograrlo debemos mantenernos conscientes de Su Presencia, sintiendo la confianza que surgió en nuestros corazones en el principio.

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