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DIOS ME RESCATA

Jueves 21 de Marzo / 2019


Salmos 18


Cuando David dice fortaleza mía, castillo mío, mi libertador, mi roca, mi fuerza, está afirmando su fe. Fue sobre este fundamento que David estuvo de pie en los días de tribulación, cuando las ligaduras del Seol y los lazos de muerte lo rodeaban. Entonces clamó a Dios, y Dios lo escuchó en su Templo. Esta fue la oración de un hombre justo, puro y libre de idolatría.


El resultado no se hizo esperar. Entonces la tierra fue conmovida y tembló. Humo subió de su nariz y de su boca fuego consumidor; carbones fueron por Él encendidos. Esta fue una reacción y acción excepcional por parte de Dios: Envió desde lo alto, me tomó, me sacó… me libró… ¡Qué poder de acción y vigor! ¡Fue una victoria aplastante!




David entendió esto, y cuando analizó la poderosa intervención de Dios, entendió que la respuesta de Dios a su oración fue un premio y una recompensa a su esfuerzo sincero. Había guardado los caminos del Señor; todos sus juicios estaban delante de Él y se había guardado de su maldad. 


Para David todo era brillantemente claro. La mancha oscura que vemos en nuestras situaciones, a menudo refleja lo que hay en nuestro corazón. Esto no fue así en el corazón de David, por eso Dios pudo unirse a él completamente en su gran Poder. Él fue llevado de victoria en victoria.


El resto del salmo es un testimonio ejemplar de una victoria ininterrumpida, de destrucción total del enemigo. Utiliza expresiones más fuertes: desbaratar ejércitos, asaltar muros, perseguir enemigos hasta aplastarlos… y el salmo termina con una alabanza a Dios, que había mostrado misericordia a su ungido, a David. Ninguna honra o medalla de victoria para sí mismo. Dios no cambia. Así como fue con David, así es contigo y conmigo. Lo único que importa es cómo lo tenemos en nuestro corazón.



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