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Lecturas del 4 al 10 de Mayo



LUNES 4 DE MAYO


DESPOJAOS DE LO VIEJO Y VESTÍOS DE LOS NUEVO

• EFESiOS 4:22-32 •

El Apóstol Pablo dice: “despojaos” y vestíos”. Despojaos significa dejar algo voluntariamente, quitárselo. Es lo que debemos hacer en el pensamiento y las actitudes de la vida. Nuestra vieja manera de vivir, la que teníamos antes de que creyéramos en Cristo, es cosa del pasado. Debemos dejarla atrás como ropa vieja que necesita desecharse. Esto es una decisión que hacemos para toda la vida cuando aceptamos el regalo de salvación que Cristo nos da.


La vida cristiana es un proceso. Aunque tenemos una nueva naturaleza, y nos convertimos en nuevas personas en Cristo, no adquirimos automáticamente todos los pensamientos y las buenas actitudes; pero, si nos mantenemos atentos a Dios y a Su palabra, siempre estaremos mejorando. El cambio puede ser lento y ocurrirá de todas maneras si confiamos en que Dios nos cambiará.


Igualmente, Pablo nos dice que debemos enfrentar nuestro enojo de inmediato. ¿Está molesto con alguien en este momento? ¿Qué puede hacer para resolver las diferencias? No deje que termine el día antes de que empiece a hacer algo para solucionar el conflicto y salvar su relación. Pablo, también nos amonesta en contra del lenguaje vulgar, sin sentido, amargura, palabras torpes y actitudes impropias contra otros. Debemos perdonar, así como Dios lo hizo con nosotros. Actúe en amor con sus hermanos en Cristo, en la misma forma que Dios lo hizo al enviar a su Hijo para morir por sus pecados.


La vida cristiana debe ser radicalmente diferente de la vida vieja. Pablo esperaba que los efesios experimentaran cambios y les hace tres advertencias: «despojarse»; «vestirse» y «desechar». Romanos 6 nos enseña que el viejo hombre ha sido crucificado y sepultado y que, a medida que consideramos que esto es verdad, nos «despojamos» de ese viejo hombre. Dios ha hecho su parte; ahora nos resta que creamos lo que Él ha dicho y que «nos cambiemos de vestidos».



MARTES 5 DE MAYO


DIOS CONSUELA A LOS JUSTOS

• ISAÍAS 57:14-19 •


Isaías 57:15-16 «Porque así dijo el Alto y Sublime, el que habita la eternidad y cuyo nombre es el Santo: Yo habito en la altura y la santidad, pero habito también con el quebrantado y humilde de espíritu, para reavivar el espíritu de los humildes y para vivificar el corazón de los quebrantados. Porque no contenderé para siempre, ni por siempre estaré enojado, pues decaerían ante mí el espíritu y las almas que yo he creado».


La historia del hombre es una crónica de guerra y conflicto constante, entre las naciones, las relaciones entre individuos, el mundo comercial, el ambiente social y el ámbito religioso. Conflictos en la ciudad y en muchos hogares. Dios dijo que no habría paz para los malvados. Usted no puede lograr la paz en el corazón humano, separado de Dios. Hasta ahora, nadie ha sido capaz de conseguirlo.


Hoy, Dios consolará a los Suyos por ser quién es Él, el Alto y el Sublime. Él es el Dios de la eternidad, y cuán débil es el hombre, que vive sólo unos pocos años. El Eterno Dios promete cuidar a aquellos que no confíen en sí mismos, sino que confíen en Él, y Él los cubre como la gallina cubre a sus polluelos. Ésa es la paz y seguridad que existe para aquellos que pertenecen a Dios. Él es el Dios Eterno, pero no estará siempre enojado con el pecado, porque el pecado será removido.

Dios castiga al impío, porque ellos continúan rebelándose contra Él. Estamos seguros que cualquier persona inteligente se da cuenta de que Dios es Santo y que un día pondrá fin a esta rebelión. A aquellos que abandonen la maldad de sus caminos, Él los sanará y salvará. Él es un Dios compasivo con los justos.


Dios, gracias porque traes paz a nuestro corazón al perdonarnos y extender Tu misericordia cada día de nuestras vidas. Te amamos, Señor.


MIÉRCOLES 6 DE MAYO


LA CONFIANZA EN SUS PROMESAS

• SALMOS 132:6-18 •

Este salmo habla de la confianza en las promesas de Dios, entonces la fe se convierte en algo sumamente importante. La lección práctica es muy buena para nosotros, aprendiendo que siempre que nos propongamos realizar algo para Dios, Él se encontrará con nosotros para proveernos de toda necesidad que tengamos.


David se propuso hacer una casa para Dios y Dios le hizo una casa a él. ¿No es una verdadera motivación para que siempre nos movamos en el camino y dirección de Dios, con la meta puesta en Él o como lo dice Su palabra: “Puestos los ojos en Jesús”?


David muestra una gran devoción humana para cumplir la promesa realizada. Podemos creer por lo que se expresa, que los amigos de David se refieren a donde él alguna vez vivió, en Efrata y seguramente oyeron del arca, ese cofre sagrado que él encontró la primera vez “en los campos del bosque” (V. 6).


Esta promesa de que los descendientes de David se sentarían en el trono para siempre se encuentra en 2 Samuel 7:8-29. Ellos gobernarían perpetuamente sobre Israel mientras siguieran a Dios y la línea real de David nunca terminaría (V. 12).

El guardar los mandamientos de Dios nos asegura bendiciones inalcanzables, sorpresas que nunca pensamos.

Qué alentadoras promesas para estos tiempos en los que el mundo ha sido tocado por esta PANDEMIA; Dios promete bendecir con creces nuestras provisiones y saciar de pan a los pobres (V. 15). Su deseo es habitar con nosotros, pero qué poco deseamos nosotros estar con Él. Damos mucho lugar al trabajo, al estudio y al descanso y descuidamos lo que verdaderamente vale (Mateo 6:33).


Finalmente, nosotros como pueblo de Dios debemos estar contentos con poco en este mundo, porque hay cosas mejores preparadas para nosotros en la Gloria, aunque Él da más de lo que pedimos, y desde que tenemos salvación, nos da ese gozo abundante que no sabemos aprovechar o no hemos aprendido a disfrutar. ¡Hagámoslo hoy!



JUEVES 7 DE MAYO


CONFIAD TOTALMENTE EN EL PADRE CELESTIAL

• LUCAS 11:1–13 •


En este pasaje bíblico se unen tres momentos diversos: La oración del Padre Nuestro, la parábola del amigo inoportuno y un breve discurso sobre la bondad de Dios. Los tres giran en torno a la confianza en el Padre e insisten, cada uno de una forma diferente, en presentar a Dios como el principio de serenidad y firmeza de la vida del creyente.


Si reflexionamos con sinceridad, descubriremos que, lo que dice Jesús hoy, ya lo sabíamos, pero no lo acabamos de creer, no lo ponemos en el centro de nuestra vida. Sabemos que Dios nos ama, pero nuestra vida está entrecruzada de preocupaciones, de estrés, de tristezas y decepciones, porque no nos acabamos de fiar del todo, de Su amor.


Jesús lo dice bien claro: orad a Dios, vuestro Padre, confiad en Él; fijaos en la bondad que hay en el mundo, la de los padres y madres hacia sus hijos, la de aquel que acaba ayudando a su amigo inoportuno. La bondad del mundo, que es real, es sólo una chispita que refleja la maravilla de la bondad del Padre Celestial. ¡Confiad en Él!


Cuando Jesús enseñó a sus discípulos a orar, estableció el perdón como piedra angular en Su relación con Dios. Dios ha perdonado nuestros pecados, por lo tanto, debemos ahora perdonar a quienes nos ofenden. Seguir sin perdonar, muestra que no se ha entendido que nosotros mismos, junto con todos los demás seres humanos, necesitamos ser perdonados. Piense en algunas personas que le han faltado en cierta manera. ¿Las ha perdonado de verdad? ¿Cómo actuaría Dios si lo tratara en la forma que usted lo hace con los demás?


La persistencia en la oración supera nuestra insensibilidad, no la de Dios. Practicar la persistencia es más cambiar nuestro corazón, que el de Él; nos permite comprender y expresar la intensidad de nuestra necesidad.