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Lecturas del 31 de Mayo - 4 de Junio


LUNES 31 DE MAYO


NACIMIENTO MILAGROSO

• Mateo 1:18-25 •


Para algunos la sola idea de que Jesús fue concebido por el Espíritu Santo es inconcebible. Curiosamente quienes afirman que un nacimiento milagroso es disparatado suelen creer que el universo se originó de la nada, por creación espontánea. Es decir, el nacimiento milagroso de Jesús es un cuento de hadas, pero el nacimiento milagroso del universo es un hecho científico.

Este es el relato de cómo nació Jesús el Mesías. Su madre, María, estaba comprometida para casarse con José, pero antes de que la boda se realizara, mientras todavía era virgen, quedó embarazada mediante el poder del Espíritu Santo (Mateo 1:18 NTV).

Mateo no sólo nos relata cómo fue el nacimiento milagroso de Jesús, sino que nos recuerda dos razones poderosas para creer: la experiencia y la Escritura.

José estaba pensando dejar a su prometida, pero tuvo un encuentro con el Señor por medio de un ángel que se le apareció en un sueño y le dijo: “José, hijo de David—le dijo el ángel—, no tengas miedo de recibir a María por esposa, porque el niño que lleva dentro de ella fue concebido por el Espíritu Santo” (V. 20). Al leer esto nos debemos preguntar si hemos tenido un encuentro personal con Dios en donde nuestro carácter y nuestros pensamientos hayan sido transformados.

Si no es así, es un buen momento para orar y pedir a Jesús que se haga real en nuestras vidas. Eso no significa necesariamente una experiencia mística con manifestaciones de arrebatamiento; más bien, una experiencia de conversión con manifestaciones de arrepentimiento.

La segunda razón para creer, y la más poderosa, está en el verso 22: “Todo eso sucedió para que se cumpliera el mensaje del Señor a través de su profeta”. Mateo utiliza esta frase en varias ocasiones con el objetivo de mostrar que en la vida de Jesús se cumplieron muchas profecías lo cual revela que la Biblia es confiable. En esto se basa nuestra fe: en la Palabra de Dios. El cumplimiento de sus profecías con precisión absoluta nos da la certeza de que sus relatos y promesas son dignos no sólo de confianza sino de obediencia.

Que el nacimiento milagroso de Jesús nos impulse no sólo a creer sino a obedecer a las Palabras del Señor, tal y como lo hizo José: “Cuando José despertó, hizo como el ángel del Señor le había ordenado y recibió a María por esposa” (V. 24).