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Lecturas del 25 - 30 de Enero

Actualizado: ene 26


LUNES 25 DE ENERO


LIMPIA MI CORAZÓN

• SALMOS 51: 1-19 •


Iniciamos nuestra última semana de ayuno y para ello, nada mejor que el salmo 51, en el que el salmista nos dice que los sacrificios que Dios quiere son el espíritu quebrantado, corazón contrito y humillado, que no serán despreciados por Él.


El salmo expresa pesar y arrepentimiento. David estaba en verdad arrepentido de haber asesinado a Urías, esposo de Betsabé, para cubrir su pecado de adulterio con ella; sabía que sus actos dañarían a mucha gente. Sin embargo, debido a su arrepentimiento Dios lo perdonó; ningún pecado es demasiado grave para que no podamos recibir perdón.


Dios nos perdona, pero no borra las consecuencias naturales de nuestro pecado. La vida y la familia de David nunca fueron las mismas; aunque pecó con Betsabé, reconoció que lo hecho fue en contra de Dios.


Cuando alguien roba, mata o calumnia, lo hace en contra de otra persona, la víctima, de acuerdo con las normas del mundo; las relaciones sexuales extramaritales entre dos adultos que están de acuerdo, aparentemente, son aceptables si nadie resulta herido, pero la gente sí resulta herida. En el caso de David, las consecuencias no se hicieron esperar: lo primero fue la muerte de su bebé y el asesinato de Urías; todo pecado nos hiere a nosotros mismos, a otros y, finalmente ofende a Dios, porque es rebelión en contra del estilo de vida que Él nos demanda.


Debido a que nacemos pecadores, nuestra inclinación natural es hacer lo contrario a la santidad que Dios nos demanda; David siguió esta inclinación cuando tomó la esposa de otro hombre. Al igual que David debemos pedir a Dios que nos limpie desde adentro, que nos limpie el corazón y el espíritu para tener pensamientos hacia el bien; la buena conducta sólo proviene de un corazón y un espíritu limpios.


En su oración David suplicó a Dios: “Vuélveme el gozo de tu salvación”. Dios quiere que estemos cerca de Él y que experimentemos su vida plena y completa, pero el pecado no confesado hace que esa intimidad se pierda. Confiese su pecado, asuma las consecuencias y nuevamente sentirá el gozo de andar con Él, si va con un corazón contrito y humillado, Dios restaurará su relación con Él. Nunca complaceremos a Dios mediante acciones externas, si la actitud de nuestro corazón no es correcta. “No remordimiento, sí arrepentimiento”.


Dios me ama mucho, porque sabe que mis muchos pecados ya están perdonados.