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Lecturas del 21 - 24 de Diciembre


LUNES 21 DE DICIEMBRE


JOSÉ Y MARÍA ACUDEN A BELÉN

• Lucas 2:1-5 •


José y María vivían en Nazaret y al viajar a Belén, lugar de la familia de David de donde descendía José, debieron recorrer alrededor de 145 km., bordeando Samaria, pues judío que se respetara no tomaba atajos atravesando esta ciudad. Eso supone unas 35 horas sin detenerse, pero recordemos que quien viajaba era una jovencita con sus días de embarazo casi cumplidos y a pie.

¡Gran mujer María! ¿Cuántas acompañarían a su esposo a cumplir con alguna obligación, viajando en incómodas condiciones? Seguramente la mayoría diría: ¿Estás loco, con esta barrigota y yo que no puedo ni caminar?

Pero ellos debían cumplir con la orden del emperador que por causa de un censo que se llevaba a cabo en todo el imperio romano, tendrían que desplazarse hasta la ciudad de la familia del esposo; por eso, María lo acompañó y en el lugar de destino, de su vientre nació un milagro: Jesús. Él es el milagroso y ninguno de los milagros que hizo supera el prodigio de lo que Él mismo es. Su encarnación es un milagro y como María había conservado la pureza de su cuerpo, Jesús no tendría un padre humano por concepción, sino por adopción. Privilegio dado a José, un hombre que decidió creerle a Dios, aunque todo parecía loco y contrario.

José tomó a su esposa, que esperaba un hijo que no era de él y se arrojó en los brazos de Dios, incluso para hacer este viaje solos, confiando y dependiendo totalmente del Creador. Como Belén no era una ciudad turística, todo lugar en que se pudieran albergar, estaba ocupado.


¿Cuántos, hoy, asumirían sin reproches y con entrega esta responsabilidad? Por eso hoy día, Jesús sólo nos pide disposición: para recibirlo con la actitud correcta, dejar nuestro estilo de vida y adoptar el de Él, dejando nuestra conveniencia y sometiéndonos a Su voluntad.




MARTES 22 DE DICIEMBRE


NACIÓ ENTRE HUMILDES Y FUE VISITADO POR REYES

• Mateo 1:18-21 •



Es difícil comprender que el acontecimiento más importante de la humanidad haya sucedido en la humildad de un pesebre, rodeado por el frío intenso de una noche invernal, sin más amigos que el silencio del crepúsculo.


¿El trono del Hijo de David, una sencilla cuna de paja desde donde iluminaría al mundo?


Dios se hizo niño entre nosotros, abrazando la pobreza de sus padres y rechazando la riqueza y el poder de los hombres.


Un pequeño niño en los brazos de dos personas: José y María. Es esa su gran riqueza, una hermosa familia.


En esa noche de Belén el misterio del amor de Dios se hizo carne en Jesús, la ternura de un niño y la omnipotencia celestial se fundieron en la persona de Dios Hijo.


Decidió nacer libre de riquezas para acoger a todos en su corazón. En la soledad de un pobre pesebre, para que las personas sean el verdadero centro del amor. Este es el mensaje que desde la pobreza Jesús nos comparte: No atar el corazón a las riquezas del mundo, que son vacías y nos sumergen en el más profundo egoísmo. Más bien, llenar el corazón con el amor de Dios y enseñarlo al mundo.

Unos magos, reyes de Oriente, llegaron a Jerusalén. Ellos eran reyes de sus países y sabios, pues eran astrónomos. Dios les reveló el misterio del Dios hecho Hombre. Y sin dudar y con tenacidad llegaron al sitio donde estaba el Rey de reyes. Al verlo se arrodillaron, le reconocieron y adoraron a Jesús, Rey de los Judíos, que no era un rey como los demás, sino que era Dios mismo. Le regalaron incienso, oro y mirra. El incienso era usado sólo para el culto a Dios. Con el oro lo reconocían como rey. Y con la mirra reconocían la naturaleza humana, pues la mirra se usaba para la sepultura. Así que, ofrecieron oro al Rey, incienso a Dios y mirra al Hombre.



MIÉRCOLES 23 DE DICIEMBRE


ESTABA SEGURO QUE VENDRÍAS

• Isaías 9:6 •


Posiblemente alguna vez hayamos escuchado la historia del soldado que, a pesar de la negativa de su superior, fue al campo de batalla para salvar a su amigo; cuando regresó malherido y cargando el cadáver, el superior lo recriminó diciéndole: ¿Valió la pena esto?, su amigo está muerto. El soldado le respondió: sí señor, valió la pena, cuando yo llegué, aún estaba vivo y al verme, aún moribundo me dijo: ¡Estaba seguro que vendrías!

¿Conoces a alguien de quien tu estés seguro que vendrá a salvarte, aún a riesgo de su propia vida? Yo sí y por eso en esta época de navidad, recuerdo a ese gran luchador de la fe, que no dudó en venir al campo de batalla del mundo para salvarnos y darnos un apoyo, para que antes de morir, podamos vencer el pecado.

Ese soldado que entregó su vida por salvarnos, se llama JESUCRISTO. Aunque al borde de la muerte estemos seguros que ese soldado amigo, sin importar el precio que debe pagar por salvarnos, se hará presente en el momento adecuado, por lo que siempre debemos mantener viva la esperanza que pronto vendrá.


Hoy recordamos ese humilde nacimiento en un lugar donde se apacentaba el ganado (demostrando el poco valor que le da a las cosas materiales) pero que no impide, nos enfoquemos en la grandeza de Su obra de redención para la humanidad.

Gracias Señor Jesús porque: Con tu vida pagaste el precio de mi salvación, por lo que mi corazón siempre alberga la confianza de que Tú vendrás para defendernos del pecado y sé que, con toda seguridad, podré decir: “Estaba seguro que vendrías“. Porque un niño nos ha nacido, hijo nos ha sido dado y el principado sobre su hombro. Se llamará su nombre ‘Admirable consejero’, ‘Dios fuerte’, ‘Padre eterno’, ‘Príncipe de paz’. Isaías 9:6 (RV1995).


Gracias, Señor, por la obra maravillosa de la redención para con nosotros e Israel, eres fiel, maravilloso.



JUEVES 24 DE DICIEMBRE


HA NACIDO UN NIÑO…

• Lucas 2:11 •



El Espíritu Santo lo engendró, María lo concibió en su vientre y nació de una virgen. Aunque muchos se resistan a aceptar el nacimiento virginal de Jesús, las escrituras lo registran de manera clara y concisa.

Lucas 1:26-38


No fue el nacimiento de un hombre ordinario. Sino el de la Persona más extraordinaria en la historia. El nacimiento de Jesucristo es la encarnación de Dios mismo. ¡Dios se hizo hombre! 700 años antes de Cristo, Isaías profetizó: “…He aquí, la virgen concebirá y dará a luz un hijo, y llamará Su nombre Emanuel” que significa Dios con nosotros. Isaías 7:14 RVR.


Dios nos honró visitándonos para aliviar nuestros dolores, sufrimientos y miserias; Él vino para darnos vida eterna y salvación.


Lucas relata la noche del nacimiento, diciendo que, un ángel se apareció a unos pastores, que al verlo se asustaron, pero el ángel los tranquilizó diciéndoles, no tengan miedo pues les tengo una noticia que los dejará muy contentos: Su Salvador acaba de nacer, es el Mesías, el Señor, y lo reconocerán porque duerme en un pesebre.

Lucas 2:8-12.


Jesús nació en un pesebre, porque no hubo lugar en la posada. El dueño del lugar actuó así porque NO sabía que ese niño sería el Rey de reyes y el Señor de señores. Si lo hubiera sabido seguro le habría dado hasta su propia habitación; pero esta humilde familia no reflejó nada para él, no tuvo la sensibilidad que ellos necesitaban. Hoy día, muchos están perdiendo la oportunidad de abrir su corazón y alojar en él al Salvador del mundo.


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