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Lecturas del 20 - 24 de Septiembre


LUNES 20 DE SEPTIEMBRE



TODOS NUESTROS ENEMIGOS BAJO DE LOS PIES DE JESÚS

• 1 Corintios 15: 24 •



¿Cuán lejos se extenderá el reinado de Cristo?


El versículo 25 dice: «Pues Él debe reinar hasta que haya puesto a todos sus enemigos debajo de sus pies». La palabra todos nos muestra la extensión.


Lo mismo hace la palabra todo en el versículo 24: «Entonces vendrá el fin, cuando [Cristo] entregue el reino al Dios y Padre, después que haya abolido todo dominio y toda autoridad y poder».

No hay enfermedad, ni adicción, ni demonio, ni mal hábito, ni falta, ni vicio, ni debilidad, ni temperamento, ni mal humor, ni orgullo, ni conmiseración por uno mismo, ni conflicto, ni envidia, ni perversión, ni codicia, ni pereza, que Cristo no haya planeado vencer por ser enemigos de su honor.


Esta promesa nos llena de aliento porque, cuando nos preparamos para pelear contra los enemigos de nuestra fe y nuestra santidad, sabemos que no peleamos solos.


Jesucristo está ahora, en esta era, poniendo a todos sus enemigos debajo de sus pies. Todo gobierno, toda autoridad y todo poder serán conquistados.


Por eso, recordemos que la extensión del reinado de Cristo tiene alcance sobre todos los enemigos de su gloria: desde el más pequeño hasta el más grande, todos serán derrotados.



 

MARTES 21 DE SEPTIEMBRE


PERDONADOS POR AMOR AL NOMBRE DE JESÚS

• Salmos 25:11 •


La justicia de Dios es el infinito celo y gozo y placer que él tiene en lo que es supremamente valioso, es decir, en su propia perfección y valor. Si en algún momento Dios decidiera actuar en contra de esta pasión eterna por su propia perfección, él sería injusto, sería un idólatra.

¿Cómo puede un Dios tan justo tener algún tipo de afecto por pecadores como nosotros que menospreciaron su perfección? La maravilla del evangelio es que en esta justicia divina también se encuentra el fundamento mismo de nuestra salvación.


La infinita estima que el Padre tiene por el Hijo hace posible que alguien como yo, un vil pecador, sea amado y acepto en el Hijo, porque en su muerte Jesús vindicó el valor y la gloria de su Padre.


Ahora yo podría orar con un nuevo entendimiento junto al salmista: «Oh Señor, por amor de tu nombre, perdona mi iniquidad, porque es grande» (Salmos 25:11). El nuevo entendimiento consiste en que Jesús ha sido la expiación por nuestro pecado y ha reivindicado el honor del Padre, por lo cual nuestros pecados son perdonados «por su nombre» (1 Juan 2:12).


El deleite infinito del Padre en sus propias perfecciones es la fuente de nuestro gozo eterno. El hecho de que el deleite de Dios en su Hijo sea deleite en sí mismo no es vanidad. Es el evangelio.



 

MIÉRCOLES 22 DE SEPTIEMBRE



LO QUE ATA DE MANOS AL AMOR

• Colosenses 1: 3-5 •


El problema de la iglesia hoy en día no es que haya demasiadas personas que estén apasionadamente enamoradas del cielo. El problema no es que las personas que profesan ser cristianos estén absteniéndose del mundo, pasando la mitad de sus días leyendo las Escrituras y la otra mitad cantando sobre el placer que tienen en Dios mientras que son indiferentes a las necesidades del mundo.


El problema es que personas que profesan ser cristianas están pasando diez minutos al día leyendo las Escrituras y después pasan la mitad del día ganando dinero y la otra mitad disfrutando y reparando las cosas en las que gastaron el dinero.


No es la disposición hacia las cosas del cielo lo que dificulta el amor; es la disposición hacia las cosas del mundo lo que obstaculiza el amor, inclusive cuando esté disfrazada con una rutina religiosa los fines de semana.


¿Dónde está aquella persona cuyo corazón está tan apasionadamente enamorado de la promesa de la gloria del cielo, que siente que es un exiliado y forastero en la tierra? ¿Dónde está la persona que ha saboreado tanto la belleza de la era venidera que ve los diamantes del mundo como canicas, y a los entretenimientos del mundo como un sinsentido, y considera que las causas morales del mundo son insignificantes porque no tienen en perspectiva la eternidad? ¿Dónde está esta persona?


Esta persona no está esclavizadas al Internet, ni a comer, ni a dormir, ni a beber, ni a las fiestas, ni a la pesca, ni a la navegación, ni a las tonterías. Es una persona libre en una tierra extranjera, y su única pregunta es esta: ¿Cómo puedo maximizar mi gozo en Dios por toda la eternidad mientras estoy en exilio en esta tierra? Y su respuesta es siempre la misma: haciendo obras de amor.


Una sola cosa satisface el corazón de la persona cuyo tesoro está en el cielo: hacer obras del cielo, ¡y el cielo es un mundo de amor!

No son cuerdas del cielo las que atan de manos al amor: es el amor al dinero, a los placeres del ocio, a las comodidades y a los elogios —esas son las cuerdas que atan las manos del amor—. Y el poder para cortar esas cuerdas es la esperanza cristiana.


Lo digo otra vez con toda la convicción que hay dentro de mí: no es la disposición hacia las cosas del cielo lo que dificulta el amor en esta tierra; es la disposición hacia las cosas del mundo. Por lo tanto, la gran fuente del amor es la poderosa confianza liberadora de la esperanza cristiana.



 

JUEVES 23 DE SEPTIEMBRE



SÍ A TODAS LAS PROMESAS DE DIOS Y AÚN MÁS

• 2 Corintios 1: 20 •


Estar «en Cristo Jesús» es una realidad extraordinaria. El significado de estar en Cristo nos deja sin aliento. Unidos a Cristo. Atados a Cristo.


Si estamos «en Cristo», veamos lo que esto significa para nosotros:

1. En Cristo Jesús hemos sido sentados en los lugares celestiales, inclusive mientras él vivió en la tierra. Eso es lo que muestra Efesios 2: 6: «Y con Él nos resucitó, y con Él nos sentó en los lugares celestiales en Cristo Jesús».


2. En Cristo Jesús todas las promesas de Dios son «sí» para nosotros, según lo expresa 2 Corintios 1: 20: «Todas las promesas que ha hecho Dios son “sí” en Cristo».


3. En Cristo Jesús estamos siendo santificados y hechos santos: «A la iglesia de Dios que está en Corinto, a los que han sido santificados en Cristo Jesús» (1 Corintios 1:2).


4. En Cristo Jesús todo lo que realmente necesitemos nos será provisto, tal como dice Filipenses 4: 19: «Mi Dios proveerá a todas vuestras necesidades, conforme a sus riquezas en gloria en Cristo Jesús».

5. En Cristo Jesús la paz de Dios guardará nuestro corazón y nuestra mente: «Y la paz de Dios, que sobrepasa todo entendimiento, guardará vuestros corazones y vuestras mentes en Cristo Jesús» (Filipenses 4: 7).

6. En Cristo Jesús tenemos vida eterna. Romanos 6: 23 dice: «Porque la paga del pecado es muerte, pero la dádiva de Dios es vida eterna en Cristo Jesús Señor nuestro».

7. Por último, en Cristo Jesús Dios nos resucitará de entre los muertos en la venida del Señor: «Porque así como en Adán todos mueren, también en Cristo todos serán vivificados» (1 Corintios 15: 22). Todos los que están unidos a Adán en la primera humanidad mueren. ¡Todos los que están unidos a Cristo en la nueva humanidad resucitan a una vida nueva!



 

VIERNES 24 DE SEPTIEMBRE



EL CORDERO Y EL LEÓN

• Mateo 12:18 - 21 •



El alma del Padre se regocija profundamente ante la mansedumbre servil y la compasión de su Hijo.

Cuando una caña se dobla y está a punto de quebrarse, el Siervo la mantiene derecha con ternura hasta que sana. Cuando una mecha empieza a humear y apenas guarda algo de calor, el Siervo no la apaga, sino que ahueca la mano y la sopla despacio hasta que vuelva a encenderse.


Por eso es que el Padre exclama: «Mirad a mi Siervo, en quien se complace mi alma». El valor y la belleza del Hijo provienen no solo de su majestad ni solo de su mansedumbre, sino del modo en que ambas cualidades se combinan en proporciones perfectas.


Cuando el ángel clamó en Apocalipsis 5: 2: «¿Quién es digno de abrir el libro y de desatar sus sellos?», la respuesta fue: «No llores; mira, el León de la tribu de Judá, la Raíz de David, ha vencido para abrir el libro y sus siete sellos» (Apocalipsis 5: 5).


Dios ama el vigor del León de Judá. Esa es la razón por la que él es digno, a los ojos de Dios, de abrir los rollos de la historia y de revelar lo que sucederá en los últimos días.

Sin embargo, la escena está incompleta. ¿Qué hizo el León para concretar su conquista? El versículo siguiente describe su apariencia: «Miré, y vi entre el trono (con los cuatro seres vivientes) y los ancianos, a un Cordero, de pie, como inmolado». Jesús es digno de que el Padre se deleite en él, no solo porque es el León de Judá, sino también porque es el Cordero inmolado.

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