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Lecturas del 15 - 19 de Febrero


LUNES 15 DE FEBRERO


REBELIÓN Vs. RELACIÓN

• JONÁS 2 •


De esta historia de Jonás muchos piensan que es simplemente un relato simbólico mas no un hecho real y comprobable, sin embargo, existen evidencias de hombres que han sido engullidos por grandes monstruos marinos como la ballena azul, la ballena boreal o el tiburón ballena, animales enormes cuyas bocas pueden llegar a medir hasta

3 metros de ancho.


Un científico francés escribió de James Barclay, que en una región cerca de las islas Malvinas, cayó al mar y lo dieron por ahogado. Dos días después de haber desaparecido, los marineros atraparon una ballena. Cuando la cortaron, para su sorpresa, encontraron a su amigo vivo, aunque inconsciente dentro de la ballena. Un marinero inglés que fue tragado por un tiburón ballena cuando el barco en que se encontraba trató de arponear uno de estos grandes peces marinos, cayó al mar y antes de que pudiera ser rescatado, ese tiburón ballena se lo tragó. Cuarenta y ocho horas después de haber ocurrido ese accidente, el pez fue atrapado. En su interior encontraron al hombre que estaba inconsciente, pero todavía vivo. Esto nos permite concluir que el verdadero milagro no fue el hecho de estar vivo sino ser la manera como Dios trató a un hombre por su desobediencia y a la vez, nos recuerda la obra maravillosa de salvación por medio de nuestro Señor Jesucristo, según Mateo 12: 40: Como estuvo Jonás en el vientre del gran pez tres días y tres noches, así estará el Hijo del hombre en el corazón de la tierra tres días y tres noches.


La historia de Jonás nos enseña las consecuencias que pueden sobrevenir en la vida de un cristiano que toma actitudes de rebeldía hacia Dios, que ha perdido la comunión con su Creador y ha dejado de invertir tiempo en la oración y la obediencia al Señor. También es un mensaje de esperanza para los perdidos, pues permite ver cómo ningún pecado ni falta son más grandes que la Gracia y la Misericordia de nuestro Dios.


1. Renueva tu relación con Dios

(Vs. 1-7): Cuando Jonás estaba en su peor momento, recordó la Misericordia de Dios y Él escuchó su oración. Salmos 32:5 nos instruye que no hay pecado que el Señor no pueda perdonar cuando de nuestro corazón arrepentido fluye una oración sincera. Él siempre está dispuesto a renovar una relación personal con Sus hijos.

2. Ordena tus prioridades (V. 8): Jonás reconoce su incapacidad de encaminar sus acciones de acuerdo con la Voluntad de Dios, reconoce que la vanidad de la vida sólo lleva al vacío y a apartarse de Dios. Mateo 6:33 nos insta a ordenar nuestras prioridades y que Él vuelva a ser lo más importante en nuestra vida; fortalezcamos nuestra obediencia por medio de la oración diaria y la aplicación en nuestra vida de su Palabra, sólo así la misericordia por los perdidos nacerá en nuestro corazón y no seremos jueces de nadie impartiendo juicio y castigo de acuerdo con nuestro criterio.


La obediencia trae bendición (V. 9): Jonás estuvo dispuesto a hacer la Voluntad de Dios y aceptar que el Eterno podía volver el corazón de esta ciudad de sus pecados a aceptar su Misericordia. Gálatas 2:20 nos recuerda que ya no somos nosotros los que vivimos para nuestros deseos, sino que Él vive en nosotros para cumplir los suyos. ¡Permite que el Señor te use para cambiar la vida de otros, partiendo de los cambios que ha hecho en ti!



MARTES 16 DE FEBRERO


EN DEFENSA DE LA VERDAD

• GÁLATAS 2:11-21 •



Pablo se opone a Pedro (NVI)

15 Nosotros somos judíos de nacimiento y no “pecadores paganos”.

16 Sin embargo, al reconocer que nadie es justificado por las obras que demanda la ley, sino por la fe en Jesucristo, también nosotros hemos puesto nuestra fe en Cristo Jesús, para ser justificados por la fe en él y no por las obras de la ley; porque por estas nadie será justificado.


21 «No desecho la gracia de Dios. Si la justicia se obtuviera mediante la ley, Cristo habría muerto en vano».


Pablo, el apóstol, defiende con vehemencia el verdadero mensaje de la buena noticia que es Cristo, Su sacrificio en la cruz, dejando claro que nadie es justificado por las obras que demanda la Ley, sino por la fe en Jesucristo.


Lejos de hipocresías y fanatismos, Pablo expone con pasión la necesidad de ser consecuentes entre lo que creemos, pensamos, decimos y actuamos, independientemente de lugares, personas o circunstancias; Pablo reprende a Pedro por su actuar, lo confronta frente a todos y Pedro el fuerte, el impetuoso, calla ante la verdad.


Tres características que debemos imitar de Pablo en defensa de la verdad del evangelio:


1. Confianza

En que la Verdad es Cristo, que la salvación sólo viene por confiar en Él y en Su sacrificio de Amor, el cual es más que suficiente para decirle al mundo que gracias a Él somos libres de la maldición de la Ley.


2. Valentía

Jesús vino a darnos la vida, por eso debemos compartir el amor de Dios a través de Jesús y prepararnos para cruzar la barrera de la timidez y el miedo; nunca en nuestras fuerzas, sino a través el Espíritu Santo y ser testigos esforzados del Amor de Jesús.


3. Integridad

Nuestras vidas deben alinearse con la fe y confianza en Cristo que pregonamos, las cuales se evidencian en el diario vivir, consecuentes siempre entre lo que creemos, pensamos, decimos y actuamos.

Es importante tener presente en nuestra vida como seguidores de Cristo que no hay salvación por ser buenos o porque hacemos buenas obras o por ser religiosos; hoy, Dios nos recuerda que somos justificados, es decir, declarados no culpables por el milagro de la Cruz.


Retomar las palabras del apóstol Pablo cuando afirma: “He sido crucificado con Cristo, y ya no vivo yo, sino que Cristo vive en mí” (V.20), significa rendir nuestra vida a Cristo, morir al viejo hombre, a mis viejas formas de actuar, a desaprender lo que me fue enseñado por tradición de hombre, a incorporar en mi vida el pensamiento de CRISTO, Sus principios y valores traducidos en su Palabra, principios de honestidad, integridad, amor, misericordia, practicantes de la verdad, dando paso a los frutos del Espíritu Santo en nuestra vida.


Como militantes del ejército de Cristo, debemos tomar las armas que nos han sido entregadas, su Palabra de vida y una vida de oración para estar prestos a defender con vehemencia nuestra libertad en Cristo, con el fin de evitar a toda costa tener en poco el precio pagado por Jesús en la Cruz.




MIÉRCOLES 17 DE FEBRERO


LA PRIMOGENITURA

• GÉNESIS 25: 27-34 •


La primogenitura tenía beneficios y responsabilidades. Primogénito quiere decir primer nacido, el mayor de una familia. Bíblicamente se consideraba un honor ser el primero en la familia, tenía el beneficio de heredar doblemente la posesión, beneficio material. Su valor implicaba que aquel que lo poseyese, era el jefe, y el sacerdote de la familia y estaba incluido en la línea de descendencia que conducía hasta Cristo. Esaú no otorgó valor a este privilegio, el ser sacerdote de la familia, con la responsabilidad que ello requería.


Este incidente, revela el verdadero carácter de los hermanos. Esaú regresó del campo muy cansado, muerto de hambre, y no había nada preparado para comer, salvo el potaje o guiso que Jacob había cocinado. Entonces Esaú le pidió de comer de aquella especie de sopa vegetal, hecha de lentejas.


Jacob, oportunista, vio la ocasión de tomar la primogenitura y la compró. Y Esaú. dice: «¿De qué me sirve, pues, la primogenitura?». Esta expresión nos dice mucho del valor que él asignaba a los asuntos espirituales.


Dios había prometido: «el mayor servirá al menor». La primogenitura le llegaría de todas formas a Jacob, pero en el momento establecido por Dios. Jacob no esperó y obtuvo por sus propios medios, con habilidad y astucia, lo que Dios le había prometido. Jacob actuaba bajo el principio de obtener algo por sí mismo, por su propia destreza y sagacidad, no veía motivo para esperar que Dios lo hiciese. Su mayor beneficio era la bendición y transferencia por parte del padre del cargo de líder espiritual o sacerdote de la familia.


Entre los mellizos, a medida que crecían, se manifestaba una diferencia de caracteres. No solamente habían luchado en el vientre de su madre, sino que continuarían enfrentándose de ahí en adelante.


Esaú era un hábil cazador, deportivo, atlético, concentrado en lo físico, era lo único que le interesaba. No tenía capacidad o deseo de ocuparse de asuntos espirituales. Tenía grandes pasiones, pero carecía de fuerza interior y de autocontrol.


Jacob era simple, de carácter tranquilo, no le gustaba salir de su casa, dócil, muy apegado a su madre y fácilmente influenciable por ella.


En el versículo 28 vemos división familiar, que es bastante común hoy en día y una verdadera fuente de conflictos. Esaú era el favorito de su padre Isaac, y Jacob, el preferido de su madre, Rebeca, lo que reflejaba desunión y falta de comunicación entre la pareja.

Esaú era exteriormente más atractivo, pero en su interior no tenía capacidad para relacionarse con Dios. Su concepción de la vida estaba centrada únicamente en el aspecto físico. Jacob, deseaba relacionarse con Dios. Y Dios tuvo que remover ciertas facetas de su carácter, que obstaculizaban que de su interior saliesen sus valores y deseos espirituales. Finalmente, la obra de Dios en la vida de Jacob culminaría con éxito, por lo cual comprobaremos que fue durante toda su vida un hombre que tenía conciencia de pertenecer a Dios, aunque no lo demostrase hasta una edad avanzada.

El desprecio de Esaú por los valores espirituales, le llevó a renunciar a privilegios y responsabilidades del derecho de primogenitura, dominado por satisfacer una necesidad física momentánea.


Hoy, muchos “cristianos” carecen de la capacidad para vivir un auténtico cristianismo, siendo influenciados por las presiones de una sociedad secularizada, con puntos de vista, opiniones y filosofía de la vida, similares a quienes no se identifican con el cristianismo ni con el mensaje de la Biblia.


Debemos reflexionar si estamos llevando una vida centrada en lo físico, lo material, lo perecedero, aquello que es pasajero y temporal. De acuerdo con la reflexión, un verdadero cristiano responde al mensaje del Evangelio, recibiendo de la Gracia de Dios, aceptando la Obra de Jesucristo en la cruz e incorporándola a su vida. A esa persona, el Espíritu de Dios lo regenera, enseña, transforma y guía.