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Lecturas del 1 - 5 de Febrero


LUNES 1 DE FEBRERO


LA GRAN PRUEBA

• GÉNESIS 22: 1-9 •


En este capítulo 22, Abraham ya tiene más de 100 años. El hijo prometido ya había nacido. Él y Sara estaban felices. Y justo cuando Abraham creía que ya podía vivir una vida tranquila y cómoda, se tiene que enfrentar a la crisis más grande de su vida.

Vamos a ver 3 puntos:


I. DIOS PRUEBA A ABRAHAM: Aconteció después de estas cosas, que probó Dios a Abraham, y le dijo: Abraham. Y él respondió: Heme aquí. Y dijo: Toma ahora tu hijo, tu único, Isaac, a quien amas, y vete a tierra de Moriah, y ofrécelo allí en holocausto sobre uno de los montes que yo te diré.


La prueba más fuerte en la vida de Abraham viene después del nacimiento de Isaac, el hijo prometido, el hijo que le había traído tanta alegría. ¡Tanta bendición! Dios quería probar la fe y la obediencia de Abraham. Isaac era el HIJO ÚNICO de Abraham, y el futuro del pacto descansaba sobre él. Isaac era la criatura del milagro. Isaac era el hijo que Abraham y Sara siempre habían deseado, y era el que proveería el linaje del Mesías. ¿Cuál es nuestra primera reacción cuando Dios nos manda una prueba? ¿Por qué estás permitiendo que esto me pase a mí?


II. ABRAHAM PASA LA PRUEBA: Entonces el ángel del Señor le dio voces desde el cielo, y dijo: Abraham, Abraham. Y él respondió: Heme aquí. Y dijo: No extiendas tu mano sobre el muchacho, ni le hagas nada; porque ya conozco que temes a Dios, por cuanto no me rehusaste tu hijo, tu único.

III. DIOS BENDICE A ABRAHAM: Y llamó el ángel de Jehová a Abraham por segunda vez desde el cielo, y dijo: Por mí mismo he jurado, dice Jehová, que por cuanto has hecho esto, y no me has rehusado tu hijo, tu único hijo; de cierto te bendeciré, y multiplicaré tu descendencia.



MARTES 2 DE FEBRERO


JESÚS EL GRAN SUMO SACERDOTE

• HEBREOS 5: 1-10 •



Aquí tenemos la definición de un sacerdote y los requisitos:


1. Tenía que ser escogido entre los hombres.

2. Designado para actuar a favor de los hombres.

3. Se presentaba ante Dios representando a los hombres.


Hoy, Jesucristo es el único sacerdote que nos representa ante Dios. El sacerdocio de Cristo funciona tanto para los pecadores perdidos, como pecadores salvados. 1 Juan 2:1: Hijitos míos, estas cosas os escribo para que no pequéis”. Juan les habla a creyentes que habían pecado. “Pero si alguno ha pecado, abogado tenemos para con el Padre, a Jesucristo, el justo”.


“A continuación dice que es para que presente ofrendas y sacrificios por los pecados». Observemos que habla de «pecados» (en plural) y no de «pecado» (en singular). Cuando perdemos el control y hacemos o decimos algo que no debíamos, ¿nos dirigimos a Dios para confesarle ese pecado? Tenemos un representante que se encuentra en el cielo para interceder por nosotros. Él nos representa ante Dios.


V. 2: Nosotros tenemos un Gran Sumo Sacerdote que cuando llegó al fin de Su ministerio terrenal, pudo decir: «¿Quién de vosotros puede acusarme de pecado?” (Juan 8:46). Él era impecable, no cometió ningún pecado. Él vivió en esta tierra como un hombre, por tanto, nos comprende.

Cometemos algunos pecados de los que ni siquiera somos conscientes. Pero nuestro gran Sumo Sacerdote, se ocupa de ellos por nosotros. Él puede tener compasión por los ignorantes. Como dice Proverbios 14:12: “Hay camino que al hombre le parece derecho, pero es camino que lleva a la muerte”.

Él sabe cómo nos sentimos, conoce nuestras debilidades. Él es el Mediador perfecto. Cuando caemos, Él no se cae con nosotros en medio de la suciedad, sino que está allí para sacarnos de ese lugar.


Veamos un contraste entre Aarón y Cristo, encontrando un equivalente del requisito del sacerdocio de Aarón en el Señor Jesucristo.


V. 3: Recordemos que, en el día de la expiación, Aarón primero trajo un sacrificio, y llevó la sangre por sus propios pecados al lugar Santísimo. Primero tenía que arreglar el asunto de sus propios pecados, antes de poder representar al pueblo. No ocurrió igual con Cristo. Cristo no tuvo que presentar una ofrenda por Sí mismo. Pero Él sí presentó una ofrenda por usted y por mí.


V. 4: Cristo no fue un sacerdote por sí mismo, sino que fue llamado por Dios.


V. 5: Engendrado: aquí no tiene que ver con el nacimiento de Cristo. Tiene que ver con el lugar donde Él fue sepultado después de ser crucificado. Porque allí fue donde tuvo lugar la resurrección. Él fue «engendrado» de los muertos. Su sacerdocio comenzó cuando Él regresó al cielo, y ello nos habla de Su resurrección.


V. 6: Jesús no es un Sumo Sacerdote en el orden de Aarón: «Tú eres sacerdote para siempre, según el orden de Melquisedec».


¿Quién fue Melquisedec? El único registro histórico que tenemos de él se encuentra en Génesis 14, donde fue descrito como “sacerdote del Dios Altísimo”. Melquisedec era una figura, un tipo del Señor Jesús.


V. 7: Jesús lloró ante la tumba de Lázaro. En esa oportunidad Jesús restauraría a Lázaro a la vida, en compasión por las dos hermanas que estaban profundamente afligidas. Jesús sabe lo que nosotros sentimos cuando nos encontramos ante la tumba de un ser querido. En otra ocasión, Jesús lloró por la Jerusalén de aquel tiempo, y estamos seguros de que ha llorado muchas veces por las ciudades en que usted y yo vivimos.


Cada creyente es un sacerdote y la oración es la obra de un sacerdote.


Es momento de acudir con libertad ante el Trono de la Gracia, donde hallaremos socorro, misericordia, compasión y ayuda. Él está en una posición en la que puede suplirlas, porque es nuestro gran Sumo Sacerdote.




MIÉRCOLES 3 DE FEBRERO


LLAMADO AL JOVEN SAMUEL

• 1 SAMUEL 3: 1-10 •


1. Samuel

Samuel era un joven, casi un niño, que ayudaba a Elí en las labores del templo, ministraba a Jehová delante de Elí. Su ministerio naturalmente consistía en algunos trabajos en el santuario de acuerdo con su edad, que se supone era como de doce años. Sea que el puesto le fuera designado especialmente, o que resultara del interés inspirado por la historia de su nacimiento, Samuel residía, no en el santuario sino alrededor, en una de las carpas o departamentos, puestas para acomodar a los sacerdotes y levitas, estando la de él cerca de la del sumo sacerdote; la Palabra de Jehová era de estima en aquellos días, pero poco conocida por los israelitas, pues durante el periodo de jueces, solamente se mencionaron 2 profetas.


2. Llamado con propósito


Vs. 4-7. Jehová llamó a Samuel que, respondió a Elí: heme aquí; Heme aquí, ¿para qué me llamaste? No te he llamado vete y acuéstate; Por tercera vez Jehová llamó a Samuel y se presentó ante Elí: Heme aquí ¿para qué me has llamado? Entonces entendió Elí que Jehová llamaba al muchacho.

El llamamiento que se hace según el propósito de la Gracia divina es eficaz; será repetido hasta que así sea, hasta que respondamos al llamado. Tres llamadas sucesivas dirigidas al niño, convencieron a Elí del Carácter divino del que le había hablado, y por lo tanto, exhortó al niño a dar una atención reverencial al mensaje.


3. La enseñanza al joven


Elí le instruye acerca de lo que debía decir. Aunque era una desgracia para Elí, porque el llamado de Dios iba dirigido a Samuel, le enseñó a contestar. La cadena de mando de Dios se basa en la fe, no en la edad o en la posición. Para encontrar seguidores fieles, Dios puede utilizar canales inesperados.


De esa manera, el anciano debe hacer lo mejor y lo más que pueda para ayudar y mejorar a los más jóvenes que van surgiendo. No dejemos nunca de enseñar a los que vienen detrás de nosotros, aunque ellos pronto sean preferidos en nuestro lugar.


4. ¿Por qué el llamado a Samuel?


En los tiempos de Elí, no hubo profetas que dieran a Israel mensajes de parte de Dios. ¿Por qué? Observe la actitud de los hijos de Elí que se negaban a escuchar a Dios o permitían que la ambición se interpusiera entre ellos y cualquier comunicación con Él. Escuchar y responder es vital en una relación con Dios. Cuando Dios no nos habla por medio de su Palabra, lo hace con claridad a través de personas escogidas.



JUEVES 4 DE FEBRERO


¿CREES ESTO?

• JUAN 11: 21-32 •



1. Prueba de Fe (Vs. 21-25): El salir al encuentro del Maestro, al saber que había llegado, fue un acto de esperanza guardada que había en el corazón de Marta; sin embargo, al encontrarse con el Señor muestra su decepción hacia Él por no haber llegado a tiempo, ya que, hubiera sanado a su hermano Lázaro mientras tenía vida. Nunca consideró lo que el Señor podía hacer, algo sobrenatural porque: el que cree en Mí, aunque esté muerto vivirá, a lo cual Él le interroga con esta pregunta: “¿CREES ESTO?”.


2. Reto de vida: La pregunta del Señor confronta la vida de Marta porque en su corazón sólo tenía la cer