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Lecturas de Junio 17 al 23



LUNES 17 DE JUNIO

AUTORIDAD DE DIOS

• PROVERBIOS 22: 1-6 •



El tema del capítulo es: la autoridad de Dios; cómo los hombres responden a ella y, las consecuencias de esa respuesta. En esta historia, encontramos un reconocimiento a la gracia de Dios.

El personaje es el Rey, que representa a Dios; el banquete de bodas representa las provisiones de Dios para los miembros del Reino; unos siervos representan a los profetas del Antiguo Testamento, otros a Juan Bautista, a Jesús y quizá a los apóstoles; los primeros convidados representan a los judíos; y los otros, a los gentiles. Quizás, el hijo del Rey, representaría proféticamente a Jesús, en sus bodas con su novia, que es la iglesia.


Las costumbres de esa época eran muy distintas y en las bodas, la primera invitación salía con semanas o meses, de anticipación, sin especificar el tiempo exacto. Al llegar la fecha para la fiesta, los siervos iban avisando, a quienes aceptaron la invitación, que pronto comenzarían los festejos. De modo pues, que los convidados, además de ser los súbditos del rey, con el deber de obedecerla en todas las cosas, eran quienes se habían comprometido a asistir.


Las fiestas duraban varios días. Nuestro Rey, presenta el evangelio primero a los judíos y cuando éstos lo rechazan, a los gentiles. El pueblo judío había escuchado durante siglos la invitación que Dios extendía por medio de los profetas para que asistiera a la “fiesta de bodas” de su Hijo.


«Instruye al niño en su camino», es literalmente: el camino del niño. Educa a los niños, no en el camino en que ellos buscan ir, sino el que deben ir, por el cual, si los amas, quieres que anden. Tan pronto como sea posible, cada niño debe ser guiado al conocimiento del salvador.


Criamos los hijos a nuestra manera. Enséñales a tomar decisiones y no tendrás que cuidar cada paso que den. Los padres saben que permanecerán en el buen camino porque ellos mismos lo han decidido. Prepara a tus hijos para que escojan el camino correcto.


MARTES 18 DE JUNIO

JOSÉ UN HOMBRE DE INTEGRIDAD

• MATEO 1: 18-25 •


José era un hombre con creencias definidas, dispuesto a hacer lo bueno, sin importarle el dolor que le causara.

El compromiso matrimonial en la sociedad judía era la primera parte del matrimonio antes de la cohabitación. La infidelidad de alguien ya comprometido era considerada adulterio.


En este pasaje del evangelio según Mateo, el mensaje va destinado a José. De acuerdo a la tradición judía, el Mesías vendría del linaje de David; por tanto, la paternidad de José era indispensable para Jesús.


Cuando José supo del embarazo de María, no pudo aceptar como suyo a un hijo de origen desconocido y decidió no casarse con ella. Sin embargo, para no desacreditarla en público, decidió repudiarla en secreto. Sus planes fueron interrumpidos por la aparición del ángel que le revela la concepción virginal de Jesús, por el poder del Espíritu Santo. Esta intervención no era para tranquilizar a José, sino para informarle cuál era el papel que le correspondía en el plan de Dios: “le pondrás el nombre..., y lo llamarás Jesús y lo recibirás como tu hijo”. Por obediencia a Dios y por amor a María, José dio el respaldo legal a Jesús, haciéndole parte del linaje de David.


José amplía su mirada, ensancha sus horizontes, se fía de Dios. Su actitud de apertura hizo posible la presencia del Señor Jesús con nosotros. Ojalá podamos ir entendiendo que nuestros planteamientos, aún los más serios, pueden no responder a lo que el Señor espera de nosotros en un momento determinado; mantengamos todo nuestro ser abierto a la posibilidad de cambiar nuestras posiciones o actitudes.


Cuando el Hijo de Dios tuvo que tomar nuestra naturaleza, se acercó a nosotros, en nuestra condición caída y miserable.

“Y dará a luz un hijo, y llamarás su nombre Jesús...” (V. 21). No olvidemos que el Señor de Gloria se rebajó para salvar la raza humana.

MIÉRCOLES 19 DE JUNIO

EL FAVORITO

• GÉNESIS 37: 12- 35 •


Puedes imaginar cuán protegido y mimado estaba José; su padre concentró en él, todo el cariño que había sentido por Raquel, de quien se había enamorado a primera vista y por quien había trabajado arduamente durante 14 años para poder casarse con ella.


Con el paso de los años ella pudo dar a luz a un niño, nació José. Pero para el nacimiento de su segundo hijo Raquel murió y entonces Jacob volcó todo sus sentimientos de cariño en este joven; no debiera haberlo hecho, porque tenía otros hijos que educar, pero la realidad fue otra y José fue amado y protegido más que sus hermanos.


José, siendo uno de los doce hijos de Jacob, era sin duda el favorito de su padre; como adolescente, él era demasiado confiado y esta confianza propia se incrementaba por ser el hijo favorito; por ese motivo, era insoportable y ese orgullo juvenil le causó fricción con sus hermanos mayores, quienes decidieron venderlo como esclavo a unos comerciantes madianitas.


La conversación registrada en los versículos 19 y 20 revela cuán grande era el odio y los sentimientos de celos y envidia que albergaban sus hermanos hacia José; y fue así que, al verle mientras se aproximaba, comenzaron a conspirar contra él, con la idea de destruirle.


En tu mente y corazón no puedes permitir que nazcan los sentimientos de celos y envidia hacia otras personas; debes tener cuidado porque estas pasiones logran arruinar la paz interior, afectar y destruir relaciones familiares y hasta amistades. Los celos y la envidia son responsables de tragedias.


Los Evangelios destacan que Jesús la persona más humilde; sin embargo, los hombres, impulsados por los celos y por la envida, le condenaron a la muerte en la cruz.


JUEVES 20 DE JUNIO

¿INSTRUCCIONES Ó MANDAMIENTOS?

• 1 TESALONICENSES 5:12-24 •


Cuando leemos el título de esta porción encontramos en las diferentes versiones la palabra exhortación, consejo, instrucción... Independientemente del texto que esté leyendo, la invitación general es a atender, dejarse transformar y escudriñar la Palabra de Dios, viviéndola íntegramente, para lo cual debemos seguir las siguientes instrucciones, recibiéndolas como mandatos de Dios, para la iglesia (todos los creyentes):


  1. Prestar atención a quienes Predican y enseñan la Palabra (V. 12).

  2. Tener en alta estima y amor (gratitud), a nuestros pastores y maestros por la obra que hacen, vivir en paz con todos (V. 13)

  3. Aceptar la reprensión cuando no trabajamos acorde al ritmo de la Obra; alguien dirige, debemos someternos de buen ánimo (V. 14a).

  4. Fortalecer a quienes no creen poder o tienen miedo de involucrarse en el servicio a Dios (con palabras de aliento, respaldo y oración) (V. 14b).

  5. Soportar y sostener a los que son como bebés, que necesitan de una mano que les muestre el camino y la manera de andar por él (V. 14c).

  6. Ser pacientes con todos, sólo se logra con la ayuda directa del Espíritu Santo; esto implica que lo seamos no solamente en la iglesia, sino en nuestro trabajo, estudio, vida diaria, incluso con los no creyentes (V. 14d).

  7. Amar a los enemigos y hacerles bien, igual que a todos (V. 15 – Lucas 6:33).

  8. Alegrarse siempre en el Señor (V. 16 – Filipenses 4:4).

  9. Mantener una actitud de oración (V. 17 – Efesios 6:18).

  10. Ser agradecidos por “todo” (V. 18 - Colosenses 3:15).

  11. Actuar guiados por el Espíritu Santo, para no apartarlo de nosotros (V. 19 - Efesios 4:30).

  12. No ocuparse de la Obra del Señor, olvidando al Señor de la Obra (V. 20 – Josué 24:16).

  13. Confirmar todo lo que se escucha a la Luz de la Palabra, dejando lo malo, aplicando lo bueno (V. 21).

  14. Alejarse de lo malo (V. 22 – 1 Pedro 2:1-3).

VIERNES 21 DE JUNIO

EL GRAN MANDAMIENTO

• DEUTERONOMIO 6:1-9 •


El amor de Dios está expresado en la Ley, como también en Juan 3:16: De tal manera amo Dios al mundo, que ha dado a su Hijo único para que todo aquel que en él cree, no se pierda, más tenga vida eterna.


El énfasis en este capítulo es sobre la obediencia que debía surgir de una relación basada en el amor. El V. 5 nos lleva a amar a Dios de todo corazón, con toda el alma y todas las fuerzas. La pregunta es: ¿Obedecemos este mandamiento o debemos confesar que hoy en día no lo ponemos en práctica?


Y estas palabras que Dios nos da estarán sobre nuestro corazón, como dijo David: «En mi corazón he guardado tus dichos, para no pecar contra ti».


El V. 7 nos dice: se las repetirás a tus hijos y les hablarás de ellas estando en tu casa. Es allí, el lugar donde nuestros hijos deben aprender principios, valores, mandamientos, según la palabra; la responsabilidad es de nosotros en casa.


El éxito está en que la educación debe estar orientada a enseñar a vivir, no a informar. Los hebreos triunfaron en cuanto a hacer de la Palabra una parte integral de su vida. Utilizaban el contexto de la vida diaria para enseñar acerca de Dios. La clave para enseñar a sus hijos a amar a Dios se describe simple y claramente en estos versículos. Si usted quiere que sus hijos sigan a Dios, debe hacer de Dios una parte de sus experiencias diarias. Debe enseñar a sus hijos con diligencia a ver a Dios en todos los aspectos de la vida, no sólo en aquellos que están relacionados con la iglesia.


La Biblia ofrece oportunidades para obtener lecciones objetivas y prácticas que sería una pena estudiarlas sólo un día a la semana. Las verdades eternas se aprenden de una forma más efectiva en el ambiente amoroso de un hogar donde se teme a Dios.


Dios mío, ayúdanos a ser ejemplo, guiar y enseñar a nuestros hijos en Tu Palabra para que aprendan junto con nosotros, a amarte con todas nuestras fuerzas, con toda el alma y con todo el corazón.

SÁBADO 22 DE JUNIO

¡MANTÉNGANSE LIBRES!

• GÁLATAS 5: 1-15 •


Muchas veces permitimos que nuestros pensamientos o los argumentos de otros, nos devuelvan al yugo, por legalismos que sacan la Ley de Dios, de su contexto original. El Señor, sí se preocupa por nuestra obediencia, pero debemos recordar que nuestra salvación es por gracia y su esencia es la gratitud. Ese sentimiento es el que debe llevarnos a tener una verdadera relación con Dios, de obediencia y gratitud de nuestra parte y de misericordia y justificación, por la fe, de parte del Padre.


El legalismo evita que respetemos a Dios y que glorifiquemos a Cristo, nos lleva a cumplir unas normas carentes de una relación personal. No hay amor, deleite, vida o exaltación, se pierde el objetivo de Dios: amor y regeneración.


Es por eso, que debemos estudiar las Escrituras a la luz de las enseñanzas de Jesús, pidiendo revelación al Espíritu Santo, para poder entender la libertad que Cristo nos dio y cumplir con amor y entrega todo lo que Dios nos pide.


Una persona legalista cree que haciendo “buenas obras” adquiere la salvación y demerita el sacrificio de Jesús en la cruz. El legalismo puede confundirnos y apartarnos del camino correcto. Quien corre por sus propios méritos, está fuera de la gracia.


Los que conocen la Verdad, aprenden a esperar con paciencia, perseverancia y ofrecen su vida en sacrificio vivo, pues su justificación proviene de la misericordia y el amor de Dios.


Si dejamos que, la enseñanza equivocada (levadura), entre en nuestras mentes y corazón, nos apartaremos del camino. Por eso, Pablo escribe: “examinadlo todo; retened lo bueno” (1 Tesalonicenses 5:21).


Es por esto que, debemos mantenernos firmes en la libertad que recibimos por medio de la

gracia y la verdad, la cual revela el amor de Dios a nuestras vidas y sintiéndonos amados, podemos amar a nuestros semejantes como a nosotros mismos.

DOMINGO 23 DE JUNIO

ORANDO PARA SÍ MISMO(A)

• LUCAS 18:9-14 •


“...cualquiera que se enaltece será humillado

y el que se humilla será enaltecido» (V. 14b)


Tenemos dos personajes, uno respetado y hasta temido (el fariseo); otro odiado, despreciado, considerado pecador (el publicano).


Seguramente, cualquiera de nosotros evita ser menospreciado por otros, pero, si nos conocieran como Dios lo hace ¿no seríamos dignos de tal desprecio? Jesús dijo que el fariseo oraba para sí mismo, se auto aprobaba por sus acciones y su vida “impecable”, él es el actor principal y le quita el lugar a Dios, sin considerar cuánto Él interviene en su vida, convirtiéndolo en una añadidura, cuando dice: “te doy gracias” (V. 11). Es tan fácil medir nuestras virtudes por lo que hacemos, olvidando a Quien vive en nuestro corazón.


En la oración del publicano, sucede lo contrario, Dios es el personaje principal y él es el objeto indirecto:


“ten compasión de mí, que soy pecador” (V. 13).


Jesús hace notar la actitud de cada uno, el orgullo – la humildad, la autosuficiencia – la gratitud, la auto justificación – la honestidad...


Todos somos pecadores, entonces, ninguno tiene derecho a creerse mejor que los demás. Cuando entras a la presencia del Padre, ¿cuál es tu posición? ¿Eres honesto contigo y con Él? ¿Es tu verdadero yo el que ora? Dios es el que conoce nuestro corazón y nos mira con bondad y misericordia, si nos presentamos con un corazón contrito (Salmos 51:17). Así que, también debemos cuidarnos de no creer que no somos como el fariseo, pues es muy fácil creernos superiores o mejores a los demás, desconociendo nuestras propias fragilidades. Todos alguna vez hemos menospreciado a otros sin tener el conocimiento de su estado frente a Dios.

Procuremos que nuestra oración llegue al Padre y que, con nuestro arrepentimiento genuino, seamos justificados.
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