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Lecturas de Junio 12 al 16



MIÉRCOLES 12 DE JUNIO

OREMOS POR LAS IGLESIAS

• ROMANOS 1:8-15 •



Pablo fue un discípulo que oraba mucho por todas las iglesias y su anhelo era siempre visitarlas; aunque este viaje a Roma no fue el mejor porque viajó como preso, se encontró en una tempestad, la nave se perdió y hasta fue mordido por una víbora.


Responde esta pregunta de manera sincera: ¿Estás teniendo un encuentro diario de oración con el Padre, por medio de nuestro Señor Jesucristo?


Si tu respuesta es negativa, te ánimo para que empieces ahora, porque nunca es tarde para expresarle a Dios tus agradecimientos, tus anhelos o deseos y tus necesidades, tanto personales como las familiares, y como dice Pablo por las Iglesias del mundo, tal y como

dice la Biblia “Orad sin cesar” porque si oras más de lo que te preocupas, tendrás menos de que preocuparte.


Pero tu oración no es una trinchera en la que solo te resguardas cuando tienes problemas. La oración que prevalece es aquella que es consistente con Su palabra e insistente a Su voluntad.


Así como el deseo de Pablo era llegar a Roma para enseñar la Palabra de Dios, es decir, dar

a otros lo que por gracia había recibido y que aclara que no era sólo por llevar la Palabra sino también, por fortalecerse con la fe y la experiencia de las personas de Roma, lo mismo sucede hoy en las iglesias de todo el mundo.


La enseñanza de estos pasajes es sencilla:

  1. Orar con acción de gracias por las iglesias de todo el mundo, así no las conozcas.

  2. Como iglesia cuidamos el testimonio, para que produzca en los demás una oración de acción de gracias a Dios.


La iglesia en Roma tuvo tan buena fama que, Pablo daba gracias a Dios cuando oía noticias de ellos: “Pues en el mundo entero se habla bien de su fe”.

JUEVES 13 DE JUNIO

QUE SE RECONCILIEN CONMIGO...

• ISAÍAS 27 •


Sí, que se reconcilien conmigo (V. 5)

En aquel día, es una expresión Con la que el profeta nos lleva evidentemente, al futuro. Este

capítulo es una profecía que aún no se ha cumplido. Cuando Dios restablezca a los judíos en la tierra, su acción será indudable. Cuando vuelvan, le adorarán. Así como Él nos llamó, los llamará a ellos. Y aunque aún no estamos viendo el retorno de Su pueblo, veremos el cumplimiento de Su promesa.


La cuestión es: ¿qué hay de ti? Si fuiste llamado(a), ¿le crees a Dios? ¿estudias su Palabra? ¿Cuánto de ella se arraiga en ti? Él nos ha prometido vencer al enemigo, quien domina este mundo (V. 1) y habla directamente a cada uno de nosotros (1 de Juan 2:14).


Dios nos vigila, defiende y protege en todo momento, nada nos puede separar de Él. (Romanos 8:37–39; Mateo 28:20).


¡Qué preciosa promesa del Señor Jesús! ¿no crees?


Todos conocemos lo que le costó al Señor buscar la reconciliación con el hombre, aunque éramos nosotros los deudores, los pecadores, los que nos apartamos de Él. Pero, ¿valoras

este sacrificio? ¿Sus promesas te ayudan cada día a enfrentar tus circunstancias? ¿Estás consciente de la presencia y protección de Jesús en todo momento? ¿Le crees y confías

en Él? Los reunidos por el sonido de la trompeta del evangelio, son llevados a adorar a Dios y sumados a la Iglesia; y la trompeta final reunirá a los santos ¿Has recibido la paz del Señor?.


Esa paz se disfruta cuando nos hacemos hijos(as) de Dios, sin actuar en desobediencia, ni rebeldía. De lo contrario, no eres su hijo(a), estás luchando en su contra y ¿cómo podrás derrotarle? Te has apartado y eso te hace tonto y necio (V. 11b).


Se acerca el tiempo cuando los descendientes de Jacob echarán raíces; ¡Israel brotará y florecerá, y llenará de fruto el mundo entero! (V. 6).

VIERNES 14 DE JUNIO

JUSTIFICACIÓN, SALVACIÓN POR FE,

ÚNICO REMEDIO AL PECADO

• ROMANOS 3:21-31 •



La Ley enseña que somos pecadores desvalidos y debemos acudir a Jesucristo en busca de misericordia. No obtenemos la salvación cumpliendo la Ley, sino que agradamos a Dios cuando nuestras vidas se someten a Su voluntad revelada.


Pablo, por un lado, nos muestra el problema: somos pecadores y estamos condenados, pero por otro lado, nos revela la otra parte: la justificación por fe a todo aquel que cree, limpiándonos de todo pecado. Si confiamos en Él, nos hace justos delante de Dios y nos da el poder para vivir como Él quiere que lo hagamos.


  • Cristo nos Justificó: absolución legal y formal de toda culpa por parte de Dios como Juez, siendo el pecador declarado justo al creer en el Señor Jesucristo.

  • Cristo nos redimió: Nos libró de la esclavitud del pecado, mediante un pago.


Él pagó con su sangre, un precio muy alto por nuestra libertad. Cristo murió en nuestro lugar por nuestros pecados; su sacrificio nos otorga perdón, remisión y libertad.


La mayoría de las religiones prescriben ciertos deberes u obras que deben cumplir quienes desean que Dios los acepte y perdone. Mientras que, el evangelio enseña que las buenas obras no nos justifican ante Dios. Las buenas obras son importantes, pero no compran la vida eterna.


  • Salvos por medio de la fe: La fe elimina el orgullo del esfuerzo humano, porque la fe no es algo que hacemos, la fe exalta lo que Dios ha hecho, la fe reconoce que no podemos cumplir con la Ley, ni medir las normas de Dios, la fe se basa en nuestra relación con Dios, no en lo que hagamos para Dios.


Cuando entendemos el camino de salvación mediante la fe, comprendemos mejor la obra que

Jesús hizo, entregando su vida por nosotros.


¡Qué gran amor de Dios enviar a Cristo a morir por nuestros pecados! Fue la asombrosa solución divina al problema de cómo podía Dios permanecer siendo justo (castigando

todo pecado) y al mismo tiempo, justificar a los pecadores (declararnos perfectamente justificados ante Él).