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Lecturas de Julio 01 al 07



LUNES 01 DE JULIO

¡AYÚDAME SEÑOR MI DIOS!

• SALMOS 109 •


Salmo escrito por un hombre anciano, perseguido y buen poeta; contiene algunas fuertes imprecaciones. Para entenderlas se debe tener en cuenta: 1. La ira de Dios, es un tema importante en toda la Biblia. El mismo evangelio contiene palabras muy severas y duras; 2. La queja. El Salmo empieza y termina con alabanza, esto indica que el salmista conoce a Dios. Con la frase no guardes silencio, quizás quiere llamar la atención al contraste: si él canta y habla en alabanza a Dios, pide que Dios también responda. Los que se oponen son el impío y el engañador. Le atacan fuertemente y con la boca. Le odian sin causa; 3. La imprecación. El salmista vivía bajo la ley que requería retribución. Las imprecaciones son oraciones para que el justo Dios haga según lo que Él ha hablado en la Ley. Los salmistas son los campeones de Dios en un mundo que se ha rebelado contra Él. Su petición entonces se basa en las promesas de protección de Dios y a favor de la justicia de su causa. No podemos atribuir a

los salmistas venganza o crueldad personales. El salmista no tomaba la venganza en sus manos, sino que pedía a Dios que acelerara su promesa de juicio sobre los impíos, se abstiene de vengarse a sí mismo y entrega su causa a Dios; 4. Oración. Las palabras de David describen el destino final de todos los enemigos de Dios. (V. 21) Un nombre es algo más que una etiqueta, es una representación de carácter y reputación. David le suplica a Dios que actúe conforme a su nombre, a su carácter de amor y misericordia.


El salmista seguro de la liberación; empieza a hablar de la alabanza en agradecimiento por la salvación de Dios. Alabará con su boca y con fuerza; y lo hará públicamente; así Dios será glorificado.


MARTES 02 DE JULIO

JESÚS Y EL GRAN MANDAMIENTO

• MARCOS 12: 28-34 •


En los tiempos de Jesús, los judíos ya habían acumulado seiscientas trece leyes y algunos líderes religiosos intentaban distinguir un orden de importancia; para otros, todas eran igualmente obligatorias. La pregunta pudo causar controversia, pero la respuesta de Jesús resumió todas las leyes de Dios.


Dice al escriba que el mandamiento más grande, que indudablemente incluye todo, es amar a Dios con todo nuestro corazón, y con toda el alma, y con toda nuestra mente y con todas las fuerzas, y amar al prójimo como a sí mismo.


Cuando amamos a Dios por entero y nos interesamos en nuestro prójimo como nos interesamos en nosotros mismos, cumplimos el propósito de los diez mandamientos y de las demás leyes. A quienes sinceramente desean ser instruidos acerca de sus deberes, el Señor les mostrará Sus caminos y les enseñará Sus sendas.


Los sacrificios sólo representaban la expiación de las transgresiones de la ley moral perpetradas por los hombres; no tenían poder, excepto al expresar el arrepentimiento y la fe en el prometido Salvador, y en cuanto lo llevaran a la obediencia. Como nosotros no hemos amado así a Dios, ni al hombre, sino precisamente a la inversa, somos pecadores condenados; necesitamos arrepentimiento y misericordia.


Este conocimiento de la Ley conduce a la convicción de pecado, al arrepentimiento, a descubrir nuestra necesidad de misericordia y a entender el camino de la justificación por Cristo. Dejemos que regule nuestros pensamientos, nuestras decisiones y acciones. Cuando no

estemos seguros sobre qué hacer, preguntémonos cuál curso de acción demuestra mejor el amor a Dios y el amor al prójimo.