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El Señor te ayudará

Deuteronomio 9:1-14

Somos tuyos porque nos liberaste con tu gran fuerza y poder

En estos pasajes observamos que Dios conoce al pueblo y sabe de su pasado y que éste no era bueno; además, aclara que no los llamó porque fuera una nación notable.


Así que Dios no te ha salvado porque seas mejor, superior o bueno. El único tipo de seres humanos a quienes Dios salva, es a los malos. Así lo expresó Jesús cuando dijo “que la gente sana no necesita médico, los enfermos sí. Yo no he venido a llamar a los justos sino a los pecadores”. Jesús nos salva, porque somos enfermos por el pecado y porque Él conoce nuestra condición perdida. 


En estos pasajes Dios estaba guiando a Israel hacia algo grande; cruzar el rio Jordán y enfrentar a la gente de aquellas naciones para conquistar la tierra prometida.


Era un reto que sólo podrían lograr confiando en Él y por supuesto que no lo podían lograr ellos en sus fuerzas, porque era algo que estaba por encima de sus habilidades.


Esta es una de las formas como Dios te enseña a colocar tu confianza en Él; cuando haces algo, por ti mismo, es difícil o imposible, no debes olvidar que todo lo puedes en Cristo, porque Él nos fortalece.


Es claro que debes entender que tus batallas son imposibles para ti, en tus fuerzas, hasta el punto de comprender que la victoria es y está en el Señor, pues Él es quien va delante de ti y sin Él nada puedes hacer.


Pues si así no lo haces, a tu mente y corazón va a llegar el orgullo en un pensamiento tan sutil, que te dirás a ti mismo que la victoria es gracias a tu justicia; ten mucho cuidado, porque Dios aborrece a los orgullos y su corazón, su gracia, su favor, su misericordia, su poder, su presencia está cercana a los humildes.


Oración: Jesús, no puedo con esta situación, lo he intentado todo, pero hoy reconozco que no es en mis fuerzas, sino con tu Santo Espíritu, pues mis debilidades se fortalecen con el poder de tu amor, porque al esperar en Ti, mis fuerzas serán renovadas.
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